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Opciones apaches

Francisco Gutiérrez Sanín

29 de mayo de 2026 - 12:10 a. m.

Se acercan unas elecciones cruciales para Colombia. Quiero explicarles por qué voy a votar por Iván Cepeda, más bien como una forma de pensar en voz alta que como un esfuerzo por ejercer influencia. Pues ya de todos es sabido que ningún medio, no hablemos ya de un columnista desconectado, puede empujar el desenlace en alguna dirección.

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Estoy apostando por Cepeda por varias razones. Primero, representa una fuerza política que se ha alineado enérgicamente alrededor de las demandas básicas del campesinado, comenzando por la tierra. Todas las demás o han intentado bloquear incluso las reformas más modestas, o han hecho gala de una principesca indiferencia frente a ellas. Durante lustros he estudiando esas demandas. Sería un simple acto de cobardía moral no apoyar a quien las promueve, y votar por quien las rechaza o las ignora.

Segundo, Cepeda no ha dejado de apostar por la paz. Frente a un griterío que quiso crear un evento de pánico moral alrededor de la paz, sin ideas, sin evidencia y a menudo inventándose las cosas, Cepeda no cedió. Me ilusiono con la idea de que la intentona perdió algo de su impulso. Pero Cepeda fue el único que se mantuvo firme en su posición pacifista. La naturaleza de nuestros conflictos ha cambiado de manera sustancial. Es imperativo tratar de entender tales cambios para pensar soluciones adecuadas. Si este esfuerzo se logra criminalizar –es decir, si políticos maliciosos y opinadores frívolos, a veces encarnados en un mismo personaje, tienen éxito-, vamos a pagarlo con lágrimas de sangre.

Tercero, Cepeda ha mantenido una retórica pública seria y consistente, llamando a combinar la inclusión social y la civilización política. Eso contrasta con las imágenes que acompañan a los otros dos candidatos relevantes que quedan: “destripar” al adversario, o atacar con bates a quienes tienen la potísima idea de acordarse de que los falsos positivos sí ocurrieron.

Cuarto, porque ya entrados en gastos, si estamos viviendo un western, le apuesto al apache, no al sheriff matón. Simplemente no me paso el clasismo repugnante que rezuman ciertas posiciones que parecen haber adquirido carta de ciudadanía en nuestro país (y en el mundo).

Así que votaré con plena y absoluta convicción. También lo haré con una gran vocación pluralista. Nunca dejaré de hablar y de escuchar a gente que piensa de manera fundamentalmente diferente a mí. Por muchas razones. Primero, porque es una muy buena manera de aprender. Segundo, porque hacerlo es fundamental para no chiflarse. Tercero, porque de fanatismo, que no necesariamente de buenas intenciones, está empedrado el camino al infierno. Y cuarto, porque algunas de las mejores y más interesantes personas que he conocido en la vida pensaban muy diferente a mí; y he pasado horas fantásticas discutiendo con ellas.

Desde ahí, me permito hacerles dos recomendaciones. Primero, no peleen con la prima palomista o con el tío abelardista. Las preferencias políticas diferentes, incluso las más ajenas, no se van a evaporar como por arte de magia. Y además, como me lo ha mostrado mucha evidencia, las fracturas políticas de nuestro actual sistema político no separan tan claramente por clase, formación o edad. Allí donde haya empatías básicas (comenzando por las familiares), es fundamental continuar la conversación.

Segundo, no repitamos el disco rayado de que el “centro no existe”. Mejor recordar que algunas corrientes del centro (Cristo, Murillo) son actores importantes en la campaña de Cepeda. Adicionalmente: una cosa es entender que algunos líderes y exponentes del centrismo fracasaron aparatosamente (lo cual refleja una tendencia global y merece un análisis por separado) y otra es suponer que no hay millones de personas con preferencias que, razonablemente, pueden definirse como centristas. Lo segundo sería fatalmente erróneo.

Los centristas no son simplemente una expresión subordinada de la derecha. Aportan ideas, planteamientos y críticas fundamentales. Y está la dimensión instrumental, no deleznable: en una competencia que podría ser muy reñida, esos serán votantes fundamentales.

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