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Rescates y rifas

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Francisco Gutiérrez Sanín
15 de octubre de 2010 - 02:57 a. m.
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SI ALGUIEN SE PUSIERA EN EL PAPEL de aguafiestas y se preguntara cuántas personas hubieran podido ser salvadas de la muerte (por ejemplo de inanición) con los montos con los que se financió el espectacular rescate de los mineros chilenos, terminaría con depresión.

La pregunta, más que enfriar la alegría por el afortunado resultado de la operación, subraya los límites del análisis costo-beneficio. El abuso de este principio básico de asignación de recursos puede llevar rápidamente a conclusiones absurdas.

En América Latina no se rescata sólo a los mineros. También hay operaciones para los presidentes. Hace poco Rafael Correa pasó raspando el examen que al parecer debe tomar todo mandatario ecuatoriano: enfrentar una revuelta de (o apoyada por) sectores de la fuerza pública. Hay dos aspectos de la situación que vive el vecino país que merecen ser subrayados. Primero, hay una cuestión jurídica que no es menor: ¿hubo o no golpe de Estado? Como me lo ha explicado mi colega chileno-canadiense Pablo Policzer, uno de los problemas específicos de este continente es que muchas de nuestras constituciones ponen a las fuerzas armadas como garante último del orden constitucional. En Honduras, por ejemplo, los militares se movilizaron contra una violación de la Carta por parte de Zelaya. Llevaron a cabo, pues, un golpe, pero en uso de sus atribuciones constitucionales. Diseños como este permiten que retorne con fuerza el espectro del golpismo, esta vez en una versión soft y edulcorada, menos costosa en términos humanos pero en todo caso brutalmente antidemocrática.

En Ecuador el tema se complica mucho por el papel histórico de árbitro de los conflictos políticos y sociales que han tenido los uniformados. Y eso me lleva al otro asunto: ¿Queda Correa sustancialmente debilitado, o más bien logrará reafirmarse en el poder un poco como hizo Chávez después del golpe de 2002? Me inclino más bien por la primera opción. El Ecuador carga con un doble problema: profundas fracturas étnicas y regionales, por un lado; y por otro, una economía pequeña y vulnerable unida a expectativas crecientes que, por razones complejas, los políticos no han hecho sino alimentar. De hecho, en esto Correa ha sido campeón. Y, contrariamente a Chávez, no conoce bien a los militares, y se propone debilitarlos, entre otras cosas porque compite con ellos por el apoyo de una misma base social. A la vez, quedó un poco de rehén de ellos, pues les debe el cargo y quizás la vida. No veo salidas fáciles para el locuaz caudillo del sur.

Mientras tanto, por estos pagos, la rumba uribista de ocho años sigue dando de qué hablar. Aún produce escándalos. Diariamente. Sin excepción. Se rifaron el Estado, eso sí con boletas marcadas. El martes no más, W Radio informaba que cerca de la tercera parte de una línea de crédito subsidiado para agricultores se otorgó al grupo Falcon de una familia Nanetti, que además de haberse declarado en quiebra tiene la característica de ser un apoyo electoral de Uribito. Y un subgerente del Incoder fue destituido por la Procuraduría por mala asignación de unas tierras.

Pues resulta que ahora llega muy orondo el gran organizador de esta sentina, a seguir presidiendo nuestros destinos. Hombre, yo creo que nosotros también nos merecemos un rescate.

 

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