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Riesgo extremo

Francisco Gutiérrez Sanín

19 de junio de 2026 - 12:05 a. m.

El 21 de junio los colombianos no iremos a votar un plebiscito a favor o en contra del gobierno del Dr. Petro. No vamos a opinar sobre el pasado. Vamos a escoger una opción de futuro.

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Como han destacado varios analistas y líderes de opinión desde diferentes lugares del espectro político, esa disyuntiva está marcada por el riesgo. Hay millones de colombianos que tendrían razones para sentirse amenazados ante la perspectiva del ascenso de Aberlardo a la presidencia. Hagamos una lista (necesariamente incompleta, por razones de espacio).

Comienzo con los cerca de diez millones de votantes que no se alinearon con el Tigre en la primera vuelta, ni lo harán en la segunda. A todos ellos les han prometido destriparlos y les han recomendado “buscar escondederos” con urgencia. Como me imagino que a sus familiares y amigos, también aquellos con otras preferencias pero sin los instintos asesinos del predador en jefe y de sus pequeños áulicos, no les hace ninguna gracia la perspectiva de la victimización de los suyos, estos también entran en la lista.

La prensa libre y crítica, que ya comenzó a ser hostigada en serio, antes de la toma del poder.

Como Abelardo se identifica como trumpista y tiene una trayectoria de declaraciones descompuestas y misóginas, no es para nada exagerado suponer que hay una probabilidad respetable de que, como en los Estados Unidos actuales, contemplemos una pérdida acelerada de derechos de las mujeres, conseguidos trabajosamente a lo largo de décadas.

El debilitamiento de las licencias ambientales y la concesión de “licencias express”, junto con la promoción desregulada de la minería implica una catástrofe ambiental, a costa de uno de los principales patrimonios de los colombianos.

Creería que a los amigos de la estabilidad y el orden no les pueda entusiasmar el triunfo de una figura íntimamente conectada con el crimen y la ilegalidad (incluyendo su versión venezolana), ni la propuesta sacada de la nada de la dolarización, ni la implícita de desestabilizar el país para destripar a los contradictores políticos y de matonear cuando se pueda. Y que además amarra los destinos del país a los mínimos deseos del señor Trump, el rey global de todas las inestabilidades.

Campesinos y empleados serán duramente golpeados por una brutal desregulación y el desmonte del Estado. Programas enteros de modesto bienestar que cubren en este momento el pasar de sus familias probablemente serán recortados de un tajo. Por los antecedentes y declaraciones del candidato y su equipo inmediato, así como por sus referentes internacionales, la probabilidad de que esto suceda es alta. Como también lo es que se les ocurra acabar con la universidad pública, para ahorrarles a las muchachos pobres el duro trance de resignarse a aprender en serio en sus aulas. ¿Cómo se logrará esta gran liberación? La única opción que veo posible, dada la magnitud de la operación, es la siguiente: canalizando el sueño de estos cientos de miles de jóvenes y sus familias hacia cagaderos creados a las volandas por los amigos crápulas del mal personaje que lanzó la propuesta u otros similares.

Dos observaciones adicionales. Primero, el que algunas pocas propuestas o globos de prueba hayan sido lanzados por figuras menores y no por el candidato no disminuye el peligro de que se implementen. Muestra, por el contrario, que están en la agenda. Segundo, esto sólo es el comienzo. Es la parte que la campaña considera que se puede mostrar. La experiencia con esta clase de proyectos muestra una y otra vez que en el poder siempre van mucho más allá.

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Votar en blanco no disminuye el riesgo. Y, si se trata de novedad, ella está en la candidatura de Cepeda. ¿Desde cuándo han visto ustedes a políticos ruidosos y farolos? Desde siempre, ¿cierto? El estilo sobrio y cuidadoso de Iván no sólo es la opción sana frente a tantos riesgos brutales, sino que constituye lo genuinamente nuevo.

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