En los últimos días se generó un debate sobre la relación entre la calidad del gobierno y el tipo de personal que este pone en altos cargos. Su origen es el reproche a la administración por barrer a la gente que sabe y, en cambio, poner a otros cuyo único mérito es ser políticamente aceptables. Más interesante que el origen es la pregunta en sí: ¿qué es mejor, un gabinete de expertos o uno de políticos?
La polémica tiene una historia larga, que se ha dirimido en parte verbalmente y en parte en la práctica. Mi impresión sobre ella es la siguiente: cualquier noción de buen gobierno necesita de saber experto. Cada vez más. La rabia...
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