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Razón tiene el expresidente César Gaviria cuando se sorprende, como lo he hecho varias veces desde este rincón, de que el procurador Ordóñez practique la calumnia con la desenvoltura y el automatismo de un profesional.
Lo contradice con solemnidad Ordóñez, afirmando que Gaviria vive en la estratosfera, y que él no se va a desdecir porque nunca ha mentido. Lo que él afirmó es lo que todo el mundo sabe: que las Farc odian a Uribe.
Veamos qué tan cierto es lo que afirma Ordóñez. Lo que dijo la primera vez: “Que este anuncio se haga ahora en estos momentos, en estas circunstancias, cuando paralelamente se anuncia el acuerdo sobre justicia transicional y al parecer es inminente un acuerdo de paz, se explica como un cumplimiento directo de esas exigencias de las Farc” (El Espectador, 10/6/15). El Gobierno y el fiscal les estaban cumpliendo a las Farc una demanda, pues si no lo hacían no obtendrían el anhelado embeleco de la paz. Ahora la versión actual: “Yo no estoy diciendo que haya una colusión entre el Gobierno y las Farc sobre ese tema en específico, estoy diciendo que los señores de las Farc siempre lo han colocado como una condición para firmar” (El Espectador, 10/13/15). Y, forzado quizás por las circunstancias, de nuevo procede Ordóñez como un infante. Supone que ignorando las evidencias ellas simplemente se van a evaporar. La primera declaración la emitió a propósito de una decisión de la Fiscalía que afectaba directamente a Uribe; de lo contrario, ni hubiera hablado. La compulsa de copias por la Fiscalía se “explicaba” como una forma de darles gusto a las Farc. Hoy dice otra cosa completamente distinta —también con un par de mentiras, pero eso al parecer es inevitable—, afirmando que no se ha movido un centímetro de su posición original.
Por si no estuvieran las dos declaraciones que cualquiera puede cotejar, también tenemos a la mano la rica trayectoria de embustes del señor Ordóñez. A muchos nos ha calumniado, incluyendo a los que no somos figuras públicas. Tengo una probabilidad alta (del 92,857%) de haber sido su víctima: afirmó que 13 de los 14 documentos que produjo la Comisión del Conflicto y sus Víctimas obedecían a un “libreto” de las Farc. Capaz yo haya sido el héroe que se salvaba de su acusación. Lo ignoro. Lo que sí sé es que Ordóñez nunca se retractó de esta infamia. Tampoco presentó pruebas (también es cierto que, como equivocó el nombre de la comisión a la que se refería, pues su fuerte no es la eficiencia, hay que darle el beneficio de la duda).
Ni es la primera vez que se inventa una colusión entre el Gobierno y las Farc. Cuando se sintió inquieto por la continuidad en su cargo —cursa contra él una acción en el Consejo de Estado— afirmó: “Tengo información suficiente y hay hechos que son objetivos que yo me permití reiterar en el día ayer; algunos que son de carácter objetivo. El Gobierno tiene intereses políticos en sacar al procurador, las Farc tienen intereses criminales en sacar al procurador” (http://goo.gl/vyzgev). Los dos coincidían. Pero cuando alguno le preguntó tímidamente cuáles eran sus “informaciones y hechos objetivos”, dijo no sentirse cómodo presentándolas en un escenario mediático. Nunca aparecieron. No existían.
Nada nuevo: el pobre tipo estaba mintiendo. Y masacrando al español (“eksenario”, “colocar condiciones”, ¿colocar música?). Por lo demás, no casa bien su solemnidad torpe y envarada con estas coartadas de estudiante de primaria. Así que vuelvo al principio: tenía razón Gaviria cuando decía que Ordóñez es un irresponsable, y que se ha peleado desde hace rato con principios mínimos de decencia y veracidad. Pídanle cuentas y pruebas. No dejen que se salga con la suya.
