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Una decisión importante

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Francisco Gutiérrez Sanín
05 de junio de 2026 - 05:05 a. m.
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La política puede ser a veces maravillosa, terriblemente binaria. Ahora nos puso frente a una pregunta simple: ¿quién queremos que sea presidente de Colombia? Tenemos dos opciones: De la Espriella o Cepeda.

Predije hace varios meses que esa sería la disyuntiva. De paso, me gané varias botellas de whisky en sendas apuestas. Pero no me van a saber tan bien, dados los peligros que enfrenta el país.

Me parecería terrible que ganara De la Espriella. He oído mucho en redes que sería una vuelta al pasado. Eso es apenas parcialmente cierto. El mundo cambió de manera fundamental –algo que muchos de nuestros liderazgos no han terminado de asimilar–, y lo que presenta De la Espriella es un proyecto en el que los factores ilícitos no sólo juegan un papel importante –eso ya estaba firmemente establecido– sino que hacen parte esencial de la trayectoria del candidato. De la mano de un proyecto colonial muy agresivo, también altamente criminalizado, como nos lo gritan todas las evidencias, dedicado a pagar favores a “los amigos de los amigos”, para usar la expresión siciliana, mientras lava su imagen fumigando campesinos y bombardeando lanchas. Juan Orlando Hernández, narcopresidente hondureño perdonado por Trump, es un buen ejemplo de estas figuras sólo aparentemente paradójicas que combinan la retórica de la guerra contra las drogas con un denso entramado de relaciones oscuras.

De la Espriella no sólo sería un salto al vacío, sino que significaría daños irreparables para el país. Comenzando por una soberanía fatalmente comprometida, como lo revela la descarada intervención de Trump en nuestras elecciones. ¿Firmes por la patria? Si acaso firmes por Miami. Pero es que en el personaje todo es oropel.

Del otro lado está un vigoroso proyecto político que ha logrado atraer a más del 40 % del electorado, pero que tiene que demostrar que es capaz de superar sus propias limitaciones. La ventana de oportunidad es pequeña y se está cerrando. Pero sigue allí.

Para esa opción, no es el momento de los reproches. La izquierda ha hecho muchas cosas bien; por eso se volvió una gran fuerza política. Pero también cometió errores grandes y desarrolló su propio efecto de burbuja. Para ponerles sólo un ejemplo, a principios de este año circuló con gran pompa, también en redes sociales, la pregunta asombrada de por qué hay pobres que votan por la derecha. Eso evidencia una profunda incomprensión de cómo se forman las preferencias políticas. O pregúntense por las implicaciones de dar a la derecha de regalo temas como el crecimiento económico, el nacionalismo, la familia o la fe. La medio pendejada. Esos problemas se notan ahora de manera patente (también en el programa del Tigre, que tengo frente a mí).

Pero ahora el problema inmediato es revertir la tendencia y apostarle en serio al triunfo con lo que se pueda hacer en el cortísimo plazo. Hay varias tareas obvias. Establecer un diálogo serio con el centro político (liderazgos y votantes): mejor a la hora de la nona que nunca. Eso es para ya. Recuperar territorios fundamentales, comenzando por Bogotá. Apelar a poblaciones claves que la retórica habitual ha olvidado (se habla con razón de los jóvenes; pero piensen también en los viejos, que votan mucho y que tienen una cantidad de cosas en juego). Separar al candidato del presidente: Petro no puede ser el protagonista de la campaña. Mandar mensajes claros de autoridad e inclusión social predecible.

En la columna anterior dije que, si estábamos en un western, le apostaba al apache y no al sheriff matón. Pues ahora, como en una película de pacotilla, llegó de repente el ladrón de diligencias, puso al sheriff a su servicio y promete destripar no sólo a los apaches sino a todo aquel que se atraviese en su camino. No sólo una promesa; va en serio. Ese es el libreto. Y nosotros estamos dentro de él. No actuemos como extras.

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David Valencia Cuellar(0vhxw)Hace 15 minutos
Que peligro tan berraco De la Espriella..... Ojo.....
MARIA ESCORCIA(2246)Hace 16 minutos
Abelardo es lo peor de lo peor, penosamente Cepeda se muestra un tris menos peor. Su reacción a la derrota fue mala y la respuesta de Abelardo peor. Estamos espantados y pesa mucho Petro con sus delirios, cinismo, arrogancia e incompetencia, logró el repudio del más del 50% . Se creyó un presidente exclusivo para su electorado y su incontinencia verbal hacia los demás, pasa factura. Ahora nuevamente toca salvar la Patria como en 2018, pero ellos no son salvadores.
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