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Una trampa

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Francisco Gutiérrez Sanín
19 de septiembre de 2008 - 02:16 a. m.
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POR INVEROSÍMIL QUE SUENE, ES POsible que los demócratas se las arreglen para perder las elecciones de Estados Unidos en noviembre.

Inverosímil, no por la calidad de los candidatos (McCain es un tipo hábil y experimentado) sino porque los republicanos cargan sobre sus hombros una pesada herencia, que, como la Santísima Trinidad, se puede expresar a través de un solo nombre (George Bush) pero que comprende tres aspectos. Primero, una lamentable gestión económica. Segundo, ineficacia generalizada en varios otros terrenos (recuérdese por ejemplo el desempeño después del huracán Katrina; y compárese con la respuesta de China, un país con 20 veces menos ingreso per cápita, a sus propios desastres naturales). Tercero, una política exterior cuya agresividad y torpeza desafían toda descripción. No se trata de una futesa para el país más poderoso del mundo. Y con todo y eso, el candidato republicano McCain podría ganar. Al parecer, ya va punteando en varias encuestas.

¿Cuál es la explicación?  Ante todo, hace mucho los republicanos fueron capaces de identificar el sistema de fracturas sobre el que estaba construido su sistema político, y se trazaron una estrategia de largo aliento para usarla en su favor (no fue una conspiración: más o menos todo fue público). El Partido Demócrata tenía simpatías en varios sectores en el norte del país, y entre los blancos del sur. Con el apoyo —sobre todo por parte de Johnson— al movimiento de emancipación civil negra, se abrió una ventana de oportunidad para que los republicanos conquistaran a los blancos sureños, cuyo racismo ha sido proverbial pero que hasta los 60 fueron principalmente demócratas. Los republicanos entendieron que el cartero llama sólo una nueva vez, y lograron formar una nueva coalición ganadora (Nixon la bautizó “la mayoría silenciosa”). Lustros después se sumó una nueva dimensión: la política de la moral y de la vida privada, que enfrenta a los adversarios con los partidarios de legalizar el aborto, a los que se oponen a que los homosexuales puedan casarse con los que creen que eso debería estar permitido, a los que deploran la permisividad en el mercado de armas con los que la celebran, y así sucesivamente (este etcétera es muy complejo e importante: por ejemplo, la vicepresidenta de la fórmula republicana, Sarah Palin, es una “creacionista”, es decir, cree que la biblia y el darwinismo deberían tener idéntico estatus científico en la enseñanza). Como resultado de ambos movimientos (conquista de los blancos sureños y transformación del conservatismo moral en capital político) los republicanos lograron convertirse en una fuerza dominante en las últimas décadas, y lograron desarrollar un discurso en defensa del pequeño hombre del común de una tremenda fuerza.

Aquí estoy resumiendo apretadamente, y simplificando brutalmente, lo que dicen varios excelentes análisis electorales gringos (tanto en forma de libro como de artículo). ¿Cuál ha sido la respuesta demócrata? En esencia, lo que haría instintivamente cualquier político racional: correrse al centro. Pero dada la naturaleza de los problemas que estructuran hoy el debate norteamericano, esta movida es más bien ineficaz. En conflictos relativos a la moral, al patriotismo, o a la identidad étnica, no sólo son los radicales los que se llevan los grandes premios, sino que además se mira con desconfianza a los recién llegados.  Los demócratas terminan diciendo lo mismo que los republicanos, desanimando así a sus propias huestes pero sin lograr atraer muchos votos del otro lado de la barricada. Sin darse cuenta muy bien por qué o cómo se encuentran metidos en una trampa (había un bogotanismo perfecto para estas situaciones: “engrampado”).

A todo esto hay que sumar que la capacidad idiosincrática de los actores cuenta.  Los demócratas se han especializado en cometer errores en los momentos cruciales. Los republicanos han sido más hábiles e implacables. ¿Será que el último remezón financiero, en el que la administración Bush aparece de nuevo como protagonista negativo, cambia la tendencia?

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