Comparto plenamente la idea de Santiago Gamboa, columnista de este diario, según la cual lo de su tocayo Uribe es en muchos sentidos un episodio más del “usted no sabe quién soy yo”.
Y esto me da el pretexto para proponer un par de interpretaciones sobre la tristemente célebre frase.
Mi punto de partida es doble. Por una parte, la rabia que nos produce el espectáculo de unos personajes exigiendo arrogantemente estar por encima de la ley no sólo está plenamente justificada, sino que es un bien social que toca preservar a toda costa. Por otra, es importante tratar de entender por qué esa expresión es tan eficaz, y a la vez tan explosiva, en nuestro contexto.
En realidad, ella pertenece a lo que el gran pensador social Albert Hirschman llamó sistemas de notificación: maneras de transmitir demandas de una parte a otra de la sociedad. Los académicos y periodistas, que tantas cruces nos hacemos con el “usted no sabe...” en buena parte vivimos de él: cualquier persona que haya ido a varios congresos de cualquier especialidad habrá tenido que preparar con esmero su hoja de vida y posiblemente sus tarjetas de visita. Para que sepan quién es él o ella. La auto-identificación es importante y natural en múltiples ámbitos del capitalismo moderno. Lo que irrita y destruye aquí es que la frase está asociada a una ruptura radical de normas mínimas de ciudadanía (sobre todo la igualdad formal ante la ley). Cuando usted pasa una hoja de vida a los organizadores de un simposio sobre cualquier tema está diciendo precisamente lo contrario: que es igual a los demás frente a las reglas formales, aunque tenga una trayectoria de lo más meritoria. En cambio, los individuos que aparecen descompuestos y gritando en nuestras pantallas de televisión, desde políticos convencionales hasta Palomas, pasando por todas las versiones intermedias, están demandando agresivamente que alguien pueda ponerse por encima de lo que a todos los demás nos obliga.
Esta gente en general tiene poder de verdad, con las excepciones naturales (simuladores que logran usar el sistema de notificación para hacerse pasar por quien no son, como lagartos, abusones sin conexiones, etc.). Y esto revela la faceta siniestra, específicamente colombiana, de la frase, así como las razones que explican su eficacia, pese a las antipatías que despierta. En muchos territorios ha sido asunto de vida o muerte demostrar quién es uno. Ejemplos sobran. Municipios a los que era vedado entrar sin una recomendación o padrino. Personas, según se encuentra en múltiples testimonios de familiares, a quienes los paramilitares asesinaron “por equivocación”: pues tomaban dos o tres denuncias temerarias de malquerientes en el vecindario, y se apoyaban en ellas para acabar con el desdichado. Esto no sucedió una ni dos veces, sino muchas: era parte esencial de la presencia paramilitar en el territorio. Cuánto no hubieran querido estas víctimas tener la oportunidad de explicar quiénes eran. Hay muchos etcéteras. De hecho, si el lector toma la trayectoria de los denunciantes del “usted no sabe...” —comenzando por los policías que se atrevieron a detener a Merlano—, se encuentra con que a muchos no les fue muy bien en la vida. Respaldado en poderes reales y en fracturas tangibles tanto del territorio como de la ciudadanía, el sistema de notificación que expresa la frase permite ahorrar tiempo y costos tanto a potenciales víctimas como a potenciales victimarios. En su versión colombiana, pues, aunque ella tenga implicaciones aterradoras, no es absurda.
Por eso es natural que Uribe (Álvaro) le dijera al periodista Félix de Bedout, quien valientemente le pidió que sustentara sus febriles consejas acerca de la supuesta conspiración que se teje en su contra: “usted no es importante”. Subtexto: “y yo sí”. Una vez más: usted no sabe quién soy yo.