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ES BASTANTE FRUSTRANTE TENER que escribir una columna justo antes de que sean divulgadas, el jueves y viernes de esta semana, sendos sondeos de opinión que nos permitirán orientarnos sobre las tendencias electorales.
Si Mockus y los verdes siguen subiendo, se podrá configurar un auténtico fenómeno de bola de nieve cuya cota superior es difícil de establecer. Ataques nerviosos e infantiles como los de Arias —no se combate a las Farc con mimos y girasoles— sólo pueden ayudarle. Si yo fuera santista haría que le pagaran a Arias para que no abriera la bocota. ¿No quedarán para esto algunos recursos de Agro Ingreso Seguro? Al fin y al cabo, el tipo es pobre. Al menos, yo oigo todos los días a gente que dice: “Pobre uribito…”. Pero también las otras campañas se están moviendo con energía. Petro, Pardo, Sanín, Vargas, están echando sus restos. Saben que quien no logre producir un salto cualitativo en los próximos días está, para todos los efectos, fuera de combate. En las presidenciales siempre llega un momento en que la carrera se decanta, y se enfoca en dos o máximo tres figuras.
Como no puedo comentar los resultados de las encuestas, dedico esta columna a una miscelánea de temas, esperando poder decir un par de cosas sobre las campañas y sus perspectivas la próxima semana. El primero son las encuestas mismas. Una noticia que pasó relativamente desapercibida fue la preocupación del Consejo Electoral, que sospecha que en algunos casos los resultados se cambiaron, o no se publicaron porque la empresa los consideró inconvenientes. Una distorsión menos obvia, pero con impactos también negativos, es que las empresas producen números que se aceptan de manera automática, aunque puedan tener serios problemas. Verbigracia, las fichas técnicas hablan de “niveles de confianza”, sin especificar muy bien confianza sobre qué (universo mal definido, etc.). Debo decir que, en general, mi impresión sobre el personal de las empresas encuestadoras no es muy favorable. De lo que he visto (¡pero esta no es una muestra representativa!) no estudian mucho, no son cautos y tienden a presentar sus resultados como vendedores de específicos, sin las reservas necesarias. ¿Será que el Consejo Electoral puede aprovechar esta coyuntura para concertar con diversos centros académicos y establecer unas reglas de juego y unos estándares mínimos? Hoy en día, las encuestas no sólo reflejan, sino que también constituyen, a la opinión, y si no se hacen bien eso implica un deterioro tangible de la democracia.
Menor, empero, que el causado por la participación del DAS en empresas criminales contra magistrados, periodistas y opositores. Cuando se llegue al fondo de este tema, tendremos una visión más clara de lo que significaron estos ocho años para el país. No sólo perdió la democracia, también lo hizo el Estado. Recuérdese que ese mismo aparato que chuzaba a la cúpula de la Rama Judicial y a los partidos legales estaba altamente penetrado por el paramilitarismo y otros criminales. No creo que haya un indicador más elocuente de descomposición. Tanto, que los gringos quisieron emitir una señal inequívoca de malestar, al cancelar la cooperación con esa entidad —otra noticia importante que no mereció mayores comentarios—.
Pues ahora tenemos la oportunidad de pasar la hoja.
