En el corto tiempo que lleva, el Gobierno de Petro se ha caracterizado por altibajos de distinta índole. Se ha dejado ver la personalidad del presidente, aunque hay que reconocer el esfuerzo por controlarla. Con sus capacidades oratorias, Petro no escatima oportunidad para improvisar peroratas sobre diversos temas en las que, además de cometer deslices, aprovecha para reiterar propuestas de su campaña. Pero no es solamente en sus discursos en los que se le va la lengua. También en mensajes en redes, como Twitter, se le van las luces con afirmaciones ligeras, incluso con errores.
Un ejemplo son los anuncios de suspensión de las exploraciones de petróleo y el carbón, sin tener en cuenta —al parecer— que son fundamentales para la economía nacional por ser eje de las exportaciones, además que el aporte del consumo interno de estos combustibles fósiles al calentamiento global es ínfimo, en contraste con países como China y Estados Unidos. El vaivén del precio de la acción de Ecopetrol en la Bolsa de Valores ha ido al ritmo de afirmaciones presidenciales. El papel que ha jugado el ministro Ocampo al corregir algunas afirmaciones equivocadas del presidente, así como sus intervenciones en el Congreso, ha sido positivo.
Durante este tiempo, también se han observado aspectos favorables, incluso frente a lo logrado por gobiernos anteriores en sus inicios. Es el caso de los proyectos presentados al Congreso, en especial la reforma tributaria y la ambigua “paz total”, gracias a la bancada gubernamental y a los ministros. Sin embargo, hubo artículos importantes de la tributaria que se eliminaron por influencias políticas, como los impuestos a las iglesias —engrandecidas con la proliferación de las cristianas, muchas esquilmadoras de pobres— y a las altas pensiones. Ojalá se retomen en el futuro. Tal vez estos avances expliquen la favorabilidad presidencial en encuestas, junto con la de figuras que sobresalen a su alrededor.
Los apoyos que ha recibido Petro son importantes y han contrarrestado a opositores institucionales, personales y de opinión pública. No obstante, el transcurrir del gobierno no va a ser nada fácil. Hay muchos interrogantes que pueden alterar su desarrollo. Un ejemplo es la “paz total”, comenzando con la afirmación de que cada punto que se acuerde con el Eln será implementado inmediatamente, a diferencia de lo ocurrido con las conversaciones con las Farc, en las que nada estaba acordado hasta que todo estuviera acordado. Así mismo, teniendo en cuenta que esta guerrilla es una organización ante todo delincuencial, como lo es el Clan del Golfo, el énfasis formal en lo político va a pesar en los procesos de estos grupos. Incluso el supuesto apoyo del Gobierno de Venezuela al proceso no será suficiente para desenredar los muchos nudos que habrá en el camino.
Para bien de Colombia, debemos esperar que las complejidades que se perciben en el desarrollo del actual gobierno no sean tan engorrosas, se revisen los desaciertos y se logre mejor comunicación con la opinión pública.