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Campaña problemática

Francisco Leal Buitrago

04 de febrero de 2021 - 10:00 p. m.

A la tradicional debilidad política del Estado y a la fragilidad partidista de las últimas décadas se sumó la exacerbación del clientelismo y sus consecuentes corruptelas. También, el aumento de aspirantes a la Presidencia, su creciente competencia y el inicio temprano de campañas. Ya en este siglo, el neocaudillo definió —directa o indirectamente— las figuras que han ocupado la “Casa de Nari”. Y hoy, en medio de la pandemia, aunque ha habido reuniones privadas, el país político se encuentra inmerso en una barahúnda.

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Lo que se percibe ahora y hacia adelante es una lluvia de precandidatos a la Presidencia —ya suman unos 40 nombres—, entrelazados en alianzas, censuras, amagos de coaliciones, rupturas con partidos, firmas para revocar alcaldes y propuestas poco difundidas para sustentar campañas. También se observan críticas a los extremos políticos, de derecha e izquierda, y barullos para autodefinirse de centro. Además, especulaciones sobre candidatos con mayor opción y propuestas de coaliciones que se suman a todo lo anterior para inundar este maremágnum político.

El Centro Democrático (CD) y su neocaudillo continúan aumentando su desfavorabilidad, lenta pero constante. El jefe de Estado, con su inexperiencia política, sumada a la crisis de la pandemia, ha contribuido a debilitar a su partido de extrema derecha. Y para completar, el CD recibió un inesperado golpe que seguramente lo lleve a un fracaso electoral: su principal figura —ministro de Defensa—, que aspiraba a ser “el que dijo Uribe”, falleció de COVID-19, contagiado en medio de días de descanso en la costa Caribe, donde los clanes políticos sostienen diálogos para asegurar apoyos y augurar éxitos electorales.

Por su parte, al igual que en la campaña presidencial pasada, la “extrema” izquierda, identificada con la figura de Petro, se presenta como una cuña que podría alterar los resultados que se buscan en el controvertido centro político. Su persistente ego no permite competencias ni relevos. Si bien fue un excelente y valiente congresista, como alcalde de Bogotá creó problemas que llevaron al fanático procurador —hoy embajador— a destituirlo e inhabilitarlo. El largo proceso judicial que se derivó llegó hasta la Corte Interamericana de DD. HH., que finalmente lo exoneró. Este hecho elevó aún más su ego, convirtiéndolo en una figura sin la cual no pueden operar los partidos, pero con la cual todo se enreda.

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De esta manera, la tempranera campaña presidencial, en medio de las afugias de la pandemia, se complica todavía más, a tal punto que hace imposible una predicción sostenible acerca de la próxima presidencia. Al paso que va, serán más las complicaciones en la política nacional —mezclada con la regional— y por consiguiente las sorpresas venideras. Sin duda, es el mayor desafío que ha tenido la política nacional reciente, claro está que sin tener en cuenta los desastres causados por las violencias.

Por eso mismo, este panorama constituye un gran desafío intelectual para quienes por vocación, gusto o trabajo acompañan con sus análisis estos procesos políticos.

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