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Clientelismo: sus inicios y desarrollo en Colombia

Francisco Leal Buitrago

27 de febrero de 2022 - 12:30 a. m.

Hasta mediados del siglo pasado, el caciquismo o patronazgo hacía parte de la situación de atraso de una sociedad precapitalista, con relaciones mercantiles incipientes, urbanizaciones con comunidades pequeñas y personalizadas, disponibilidad limitada de bienes y servicios, y un Estado con escasa cobertura. Las instituciones estatales eran sólo parte circunstancial de las relaciones de clientela, pues en el intercambio que podría denominarse clientelista primaban recursos provenientes de propiedades privadas estamentales.

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En el clientelismo de las últimas décadas del siglo pasado subsistía una dosis de atavismo. Sin embargo, ya había diferenciación entre clientelismo político y otras formas del fenómeno, efecto de la separación entre Estado y sociedad civil, propia de organizaciones capitalistas. Ahora, el uso de recursos oficiales para implementar relaciones políticas de clientela es aspecto fundamental de la mediación estatal y el carácter dominante del fenómeno.

El grueso de la burocracia con sabor a clientelismo proviene de las nuevas clases medias que emergieron con la organización capitalista, iniciada a mediados del siglo pasado y ahora dominante. Las grandes empresas contratistas del Estado “bonifican” con fines electorales a sus intermediarios políticos, pues el Estado es en última instancia el abastecedor económico que posibilita tales relaciones sociales. Esa es la base del clientelismo político que, al haberse generalizado y reorientado en sus fines hacia la acumulación del capital electoral, ha cimentado un sistema para la reproducción de los partidos y sus coaliciones. Además, en este sistema han irrumpido capitales del narcotráfico y otros de origen ilegal.

Cuando los partidos tradicionales —Liberal y Conservador— sustituían buena parte de las funciones de un Estado casi inexistente, la política era sólo bipartidismo. Ahora, con el fin de reproducir un capital electoral, los nuevos líderes buscan ascender en estatus social. De esta manera, la política es hoy un factor de movilidad social para líderes de base, situación que antes no existía. La consistencia de tal movilidad, mediante el clientelismo, es el fundamento de castas regionales denominadas “clase política”, como factor de ascenso del regionalismo partidista. Con el eclipse de las llamadas “jefaturas naturales” —heredadas de la oligarquía— el nivel nacional del bipartidismo perdió su efectividad, ya que aquellas constituían su instrumentación. Así mismo, la multiplicación de los partidos comenzó sin fortaleza alguna. Con la modernización del Estado, su beneficio no se limitó a la absorción burocrática. Se fundamentó, y continúa así, en la puja permanente de toda clase de recursos que el Estado pueda controlar de manera directa o indirecta.

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De ahí a la expansión de la rampante corrupción (apropiación privada de recursos oficiales) no fue sino un paso más.

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