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En la columna pasada señalaba que el exceso de autoestima suele estar acompañado de la creencia en la capacidad que tiene una persona para desempeñarse con gran éxito. También, que en la siguiente columna el turno sería para “descubrir” egos de candidatos con posibilidad de triunfo.
Al respecto, es difícil encontrar una persona que exhiba más su autoestima que Gustavo Petro. Con su mirada oblicua, su cabeza inclinada y su movimiento de manos se presenta como un hombre seguro de sí mismo. Hasta que lo conocí creía que el carisma era algo natural que no respondía a vanidades, pero ahora pienso que en parte es exhibicionismo conveniente. Como Petro ha cautivado multitudes durante su desempeño político, pienso también que su atractivo depende de la personalidad, clase social, educación y cultura de quienes aceptan sus mensajes. Al recordar sus fracasos como alcalde, más contundentes que sus aciertos, pensaría que un triunfo en el primer cargo del Ejecutivo sería trágico para este país descoyuntado, a pesar de que fue excelente congresista.
Sergio Fajardo también es una persona con gran ego, aunque lo controla con conductas mesuradas y aceptadas por la mayoría de sus oyentes. Quizás esto lo haya afinado con el tiempo. Tiene el problema de querer quedar bien con todo mundo, por lo que recibió el mote de “tibio”. Su capacidad de ejecución es innegable, como lo demostró en la Alcaldía de Medellín y la Gobernación de Antioquia. Sin embargo, su rectitud extrema le impidió ser presidente, al rechazar cualquier consulta partidista para elegir candidatos a la Presidencia para “no contaminarse”. Ahora, la Contraloría busca eliminar con trampas su candidatura, con el eterno proyecto de Hidroituango.
El abandono por parte de Alejandro Gaviria de la Rectoría de los Andes sin culminar su período fue una demostración clara de su autoestima, que le valió el descontento de buena parte del profesorado. Además, fue acolitado por su esposa, que sacrificó un excelente cargo público. Sin duda tiene buenas cualidades, que ha demostrado en su carrera académica y su cargo como ministro. Con su juventud podría haber esperado un poco más, pero debió pesar más su visión de una coyuntura favorable.
Con el deseo de encumbrarse, Federico Gutiérrez exhibe gran autoestima, ya evidente en la convicción que tiene de su liderazgo como alcalde de Medellín, donde su posición derechista aumentó la polarización política. Es posible que Fico y sus áulicos hayan percibido que puede ser “gallo tapado” del Centro Democrático, pues por primera vez el (neo)caudillo no eligió candidato “a dedo”, sino que permitió una supuesta consulta interna. Pronto se sabrá.
Óscar Iván Zuluaga es el candidato oficial repitente del Centro Democrático, lo que generó contrariedad de una ambiciosa precandidata con pocas capacidades. Zuluaga camufla bien su ego, pues muy poco se le nota. Podría ser que su comportamiento alrededor de sus conmilitones le descubra una autoestima tesonera para alcanzar la primera magistratura.
Veremos qué ocurre en lo que resta de esta agitada campaña electoral.
