El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Expectativas electorales

Francisco Leal Buitrago

28 de marzo de 2022 - 12:30 a. m.

Los numerosos errores de los pasados resultados electorales dejan mal parado al registrador nacional del Estado Civil, más aún si se tienen en cuenta su hoja de vida y sus argucias para alcanzar este cargo. También son visibles las consecuencias negativas de los tropezones de la Coalición Centro Esperanza, ante las expectativas iniciales de una destacada votación. Aun si la Coalición logra tener una adecuada organización para la primera vuelta de las elecciones presidenciales, alcanzar una votación para competir con Petro en la segunda vuelta es una utopía. Por eso, a Fajardo le queda casi imposible llegar a la Presidencia, luego de perder la oportunidad de alcanzarla en las elecciones de 2018, al no competir con De la Calle para lograr una candidatura única. Pero como “la esperanza es lo último que se pierde”, el 29 de mayo volveré a votar por Sergio.

PUBLICIDAD

Votar por Fico es aceptar el tenebroso historial de Uribe, además de congeniar con la tradición derechista de la política nacional. Las protestas de Uribe, al denunciar un fraude electoral en las elecciones pasadas, muestran su rechazo a aceptar que la disminución de sus seguidores continúa, amén de rebuscar embolatar su prontuario delincuencial. Y un posible triunfo de Petro, con errores en sus propuestas, sería negativo, además de su difícil personalidad, que afecta su vida pública. De ahí que sea necesario procurar que sea mesurado en su trasegar político para que en un eventual gobierno pueda enderezar este país afectado por tantos problemas.

Vale la pena mencionar algunos de esos errores para insistir en que Petro los corrija. Pero antes señalo problemas de su personalidad. Desde su alcaldía en Bogotá, exhibió una personalidad conflictiva, desconfiada y paranoica, incapaz de congeniar con sus funcionarios, provocando renuncias que comenzaron con la de su colega Antonio Navarro Wolff, secretario de Gobierno. Tiene alborotada la egolatría propia de buena parte de los políticos, como lo muestran algunas de sus actitudes y gestos físicos: posición de la cabeza, miradas y actos que fastidian a sus interlocutores. Y eso, para no hablar de sus tonos de voz y expresiones que, además de denotar un gran ego, revelan una personalidad populista y prepotente. No obstante, para sus seguidores públicos esto es positivo, pues lo interpretan como “carisma” que atrae multitudes.

Entre sus errores programáticos está —como lo anotó Salomón Kalmanovitz— no renovar la explotación petrolera (fuente económica básica de exportación), propender por un mayor proteccionismo a la producción nacional (llevaría a más devaluación del peso y empobrecimiento del país), suspender el metro elevado de Bogotá (eliminaría la alternativa al caos vehicular), proyectar un tren elevado ente Buenaventura y Barranquilla (propuesta sencillamente absurda), y, finalmente, cambiar la estructura del Banco de la República (innecesaria y con ejemplos sin sentido, como la presencia de la sociedad).

Ya veremos si en las fechas electorales que nos restan la Registraduría endereza su accionar, la Coalición Centro Esperanza obtiene una votación digna y Petro domina sus demonios.

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.