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Con el ascenso de Rodolfo Hernández —a costa del hundimiento de Fico— se mantiene la incertidumbre, aunque con perspectivas diferentes. La caída del neocaudillo Uribe y su partido con el candidato escogido es una buena noticia, aunque ahora se reencauchan al apoyar a Hernández. Los otros dos expresidentes (Pastrana y Gaviria), con su ambición de seguir politiqueando, menoscabaron su influencia, aunque también cogieron la tabla de salvación al apoyar a Hernández. Ahora, la incertidumbre se centra en la “pelea” entre Rodolfo y Petro, que al primero no lo trasnocha por su ignorancia e improvisaciones, mientras que al segundo le molesta cambiar su anterior acomodo.
Este par de figuras populistas que compiten por la Presidencia necesitan ampliar su caudal electoral: Petro se enfrenta a la votación lograda por Rodolfo, además de los apoyos señalados, mientras que Hernández parece más tranquilo en un país de tradición conservadora. Tal futuro inédito muestra alteraciones en la política, reafirma la declinación de los partidos y revela una población con juventudes expectantes y visiones de cambio frente a un Gobierno pusilánime con los problemas del país, aunque siempre atento a sacarle jugo al poder.
Ante estas alternativas hay que escoger entre dos males el menor. El autoritarismo y la egolatría de Petro le dificultan colaborar con personas de su entorno, pero a su favor cuentan mayores conocimientos que su contendor y más respeto por las reglas del juego democrático. Hernández hace gala de su ignorancia sin sonrojarse de lo que dice y cómo actúa, con una personalidad machista, atrabiliaria y soñadora de propuestas políticas peligrosas para una frágil democracia, además de su abstracto proyecto anticorrupción sin contar que está herido por lo que ofrece subsanar, además de que se pasa por la faja las normas democráticas. Sería un peligro como primer mandatario, en un país presidencialista con un Estado carente de control en más de la mitad de su complejo territorio. La escogencia de asesores y funcionarios que lo rodearían es un albur con interrogantes, pues para eso se requieren también conocimientos de los que carece.
¿Pero qué hacer para tomar decisiones adecuadas al escoger la figura más conveniente como presidente en una campaña que está por culminar? En mi anterior columna mencioné que en la segunda vuelta votaría en blanco. Ahora pienso votar por Petro, aunque señalar que uno vota por alguien poco ayuda a inclinar la balanza. Las redes sociales son ahora el nuevo bulldozer para aplanar obstáculos y divisar al otro lado. Los medios de información y comunicación tradicionales siguen siendo necesarios, pero su capacidad de influir en estas contiendas es relativamente menor. Tales redes influyen de inmediato en la toma de decisiones (como el voto), obstruyendo con frecuencia reflexiones que ayudan a transitar por el camino adecuado.
Abrigo la esperanza de que el país no continúe en su descenso con mayores corruptelas, más desigualdades, mayor pobreza, miseria y un sinfín de violencias. La esperanza es lo último que se pierde.
