El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Incertidumbre

Francisco Leal Buitrago

29 de mayo de 2022 - 12:30 a. m.

En medio de violencias sin control e inseguridad en ciudades grandes; un gobierno nacional deslegitimado presidido por un mandatario con escasa credibilidad; un Congreso ineficiente por la ineptitud mayoritaria de sus miembros; unos organismos de control subordinados al Ejecutivo; un registrador incompetente; corruptelas en buena parte de las entidades públicas; un sistema tributario que alimenta las desigualdades sociales; y aumentos burocráticos y presupuestales con intereses amañados transcurrió una de las campañas electorales más prolongadas de la historia. Numerosas candidaturas que aparecían y desaparecían llevaron a un transcurrir electoral impredecible, en el que sin embargo se ha mantenido una candidatura de izquierda y el neo-caudillo Uribe —empapelado como lo merece— no ha podido impedir su descenso lento pero sostenido.

PUBLICIDAD

La polarización inicial provocada por Uribe en contra de la paz, y luego aupada por el actual gobierno, revivió el paramilitarismo al enfrentar la Fuerza Pública a las movilizaciones sociales y morigerar su necesaria confrontación con el Clan del Golfo. Tal polarización se trasladó a la campaña electoral, hundiendo poco a poco al centro político de una contienda entre coaliciones (que sustituyeron a los debilitados partidos). Los candidatos saltimbanquis inmiscuidos en tal centro —como la oportunista Ingrid Betancourt— en nada ayudaron a convencer a la ciudadanía (y más bien la confundieron), que es allí donde los programas tienen mayor contenido democrático equilibrado frente a los dos extremos.

Los cambios bruscos en las últimas encuestas de reconocidas entidades han provocado más incertidumbre, a pesar de los apoyos sostenidos del gobierno —ilegítimos— y de clanes regionales al candidato de derecha, un uribista disimulado debido a los problemas de su líder. El repunte del impredecible candidato santandereano Hernández —apoyado ahora por la aprovechada Betancourt— pone en duda quién pasará a la segunda vuelta, además de que estancó al egocéntrico Petro, todo a costa del candidato más ecuánime, el de la Coalición Centro Esperanza.

Estos cambios no alteran mi postura frente a la contienda electoral. La decisión de votar por Sergio Fajardo continúa y, si Petro se sostiene de primero frente a quien resulte segundo de los dos que compiten por tal lugar, mi sufragio será en blanco en la segunda vuelta.

Espero que el elegido sea respetado por las camarillas política y militar (esta última dejó intuir una amenaza para la democracia) del actual gobierno, pero ante todo que el nuevo presidente cambie su postura megalómana y sus propuestas populistas, medite la viabilidad y conveniencia de proyectos gubernamentales, y se rodee de un equipo idóneo con el que discuta —de manera flexible— sus decisiones políticas, para que este complicado país pueda avanzar en las soluciones a sus numerosos problemas estructurales.

Conoce más
Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.