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Política para apolíticos

El plan de Petro: sembrar dudas sobre las elecciones

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Gabriela Alonso Jaramillo
24 de marzo de 2026 - 05:00 a. m.
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En Colombia estamos viviendo algo sumamente peligroso: cuestionar las elecciones antes de que siquiera ocurran. Eso es exactamente lo que está haciendo el presidente Gustavo Petro.

Tras las elecciones del 8 de marzo, afirmó que “van por el asesinato de Cepeda o por el fraude electoral” y pidió cuidar a ciertos dirigentes políticos para evitar que sean asesinados. Se trata de una acusación gravísima. Hablar de asesinatos políticos o de fraude electoral no es cualquier cosa: son delitos extremadamente serios.

Sin embargo, hasta ahora no se han presentado pruebas que respalden estas afirmaciones.

La gravedad del asunto no radica únicamente en la frase. El problema es quién la dice y desde qué lugar la dice.

El mismo presidente tiene la responsabilidad de garantizar que las elecciones se desarrollen con normalidad. Si Gustavo Petro afirma que puede haber fraude electoral en Colombia, la pregunta es inevitable: ¿entonces quién está fallando en garantizar elecciones seguras?

Porque, para algunas cosas, Petro exige que se le trate como jefe de Estado, pero, para otras, se comporta como un comentarista más del debate político.

Cuando el presidente de la República sugiere que puede haber fraude electoral o asesinatos políticos sin presentar evidencia, lo que hace es sembrar dudas sobre la legitimidad del propio sistema democrático que dirige.

Es a él a quien le corresponde garantizar el orden público, el funcionamiento institucional y las condiciones para que las elecciones se desarrollen con normalidad.

Si existen amenazas reales, lo responsable es denunciarlas ante las autoridades competentes y presentar las pruebas correspondientes. Lo irresponsable, como lo ha hecho el presidente Petro, es lanzar acusaciones tan graves sin evidencia y alimentar la idea de que el sistema electoral está manipulado.

Además, resulta incoherente que quien hoy pone en duda la existencia de una democracia funcional en Colombia sea alguien cuya trayectoria política ha sido posible precisamente dentro de ese sistema.

Gustavo Petro ha ocupado cargos públicos durante más de tres décadas. Fue concejal, representante a la Cámara, senador de la República, alcalde de Bogotá y hoy es presidente de la República. Ha participado en elecciones, ha hecho oposición desde el Congreso y ha llegado al cargo más alto del Estado a través de las urnas.

Es difícil sostener que un país en el que alguien puede recorrer ese camino político carece por completo de democracia. Una cosa es reconocer imperfecciones institucionales y otra, muy distinta, es insinuar que el sistema entero está manipulado.

Teniendo en cuenta el comportamiento del presidente durante estos cuatro años —su dificultad para asumir plenamente el papel de jefe de Estado, sus constantes acusaciones sin sustento y su tendencia a construir crisis donde muchas veces no las hay—, no sorprendería que, si el resultado electoral no le favorece, termine denunciando un supuesto fraude masivo en las elecciones presidenciales.

Muchos colombianos ya anticipan ese escenario: un presidente dispuesto a denunciar fraudes imaginarios antes que aceptar una derrota electoral.

Esa posibilidad debería preocuparnos. Cuando quien ocupa la Presidencia de la República comienza a sembrar dudas sobre la legitimidad de las elecciones antes de que ocurran, lo que se pone en riesgo no es una candidatura ni una campaña.

Es la confianza en la democracia.

Por eso, la pregunta no es solo qué dirá el presidente si pierde. La pregunta es qué haremos como país si eso ocurre. ¿Cómo protegeremos la legitimidad del proceso electoral? ¿Cómo evitaremos que acusaciones sin pruebas erosionen la confianza en las instituciones?

En este contexto, la vigilancia nacional será clave. Pero también lo será la atención internacional. Las próximas elecciones presidenciales en Colombia necesitarán muchos ojos observando el proceso, precisamente porque el país enfrenta una circunstancia delicada: un presidente errático que parece más interesado en cuestionar las reglas del juego que en garantizar que se respeten.

La democracia colombiana ha resistido crisis profundas durante décadas. También tendrá que demostrar ahora que puede resistir algo más silencioso, pero igual de peligroso: la desconfianza sembrada desde el poder.

Gabriela Alonso Jaramillo

Por Gabriela Alonso Jaramillo

Estudiante de Gobierno y Asuntos Públicos y de Ciencia Política en la Universidad de los Andes. Máster en Comunicación Política del Centro Europeo de Postgrados. Creadora de contenido, reconocida por Cifras & Conceptos como líder nativa digital y ganadora del Youth Leadership Award de los Napolitan Victory Awards.
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Y en lo único que estamos de acuerdo es más supervigilancia
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Me acuerdo tanto de una anécdota con el senador Wilches le dijo a Petro cuidado está acusando a muchos congresistas de patas y Petro le respondió pregúntele a Mancuso que es el que dice que más del 35 por ciento es de su nómina hago este paralelo por qué la denuncia viene de varios años atrás de robo de votos
  • Olegario (51538)25 de marzo de 2026 - 03:19 a. m.
    Usted compara la mierda con la poma. Solo ha habido un caso de robo descarado de las elecciones, y fue cuando Patraña padre salió elegido de la noche a la mañana. Lo demás han sido ERRORES en el preconteo de votos que se subsanan durante el ESCRUTINIO. Se trata de más de 20 millones papeletas con un alto número de aspirantes.
Ccdaw(0kmc6)24 de marzo de 2026 - 09:52 p. m.
Sospechar de las elecciones cada vez que suceden es sano para la democracia.
Rafael Dario Cardona Montoya(c8q6w)24 de marzo de 2026 - 09:33 p. m.
Señora Gabriela, si el sistema electoral fuera tan bueno, no se necesitaría un ejército de testigos, los cuales ahora también tienen los partidos tradicionales de derecha. No olvide las curules que le robaron al partido MIRA y al Pacto histórico.
Carlos(12062)24 de marzo de 2026 - 09:25 p. m.
Señorita estudiante de Gobierno, el presidente ha hecho todas las advertencias sobre las fallas del sistema, que controla el registrador. Tras los peleados escrutinios, el PH recuperó 2 senadores y, por lo menos, 4 representantes. 2 de 25 es el 8% (del 25 al 27% del total) y 4 de 35 es el 11.5% (del 21 al 25% del total) de su representación que se había perdido en fraudes. No son porcentajes menores. Mejore su formación, si alguna vez quiere ser del gobierno y no repetir los viejos esquemas
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