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La Paz Total: un peligro para Colombia

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Gabriela Alonso Jaramillo
30 de marzo de 2026 - 05:08 a. m.
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En los últimos días, el país conoció que la Segunda Marquetalia habría ordenado el asesinato de una de las figuras más visibles de la oposición política: Miguel Uribe Turbay. Este magnicidio debe obligar a los candidatos a la Presidencia a revisar qué modelo de seguridad necesita Colombia.

Mientras el país enfrenta esa realidad, el candidato Iván Cepeda insiste en algo profundamente preocupante: si llega a la Presidencia, continuaría la política de Paz Total impulsada por el gobierno de Gustavo Petro.

En su entrevista con Daniel Coronell, Cepeda afirmó que habrá una política de paz y que esta podría tener algunos ajustes. Sin embargo, al examinar su programa de gobierno, lo que aparece no es un cambio de modelo, sino la continuidad de la misma lógica: negociar con múltiples grupos armados como eje central de la política de seguridad.

Lo que propone Cepeda no es simplemente un error. Es un peligro. ¿En qué país vive el candidato? ¿Ha seguido realmente lo que ha ocurrido durante estos cuatro años con una política de la que él mismo fue uno de sus principales arquitectos?

A la Paz Total se le dio una oportunidad, pero terminó siendo no solo una política que fracasó en sus objetivos centrales, sino también una que produjo exactamente el efecto contrario al que prometía.

Las cifras de seguridad de este gobierno son crudas. El gobierno hablaba de negociación y desescalamiento del conflicto, pero los datos no lo respaldan. El número de integrantes de estas estructuras aumentó desde el inicio del gobierno, alcanzando más de 25.000 combatientes.

Los grupos armados ilegales no se debilitaron; se fortalecieron.

Los ceses al fuego tampoco produjeron la reducción de la violencia que se prometía. Durante el primer año de treguas bilaterales se registraron, según la Defensoría del Pueblo, 236 violaciones al derecho internacional humanitario, en su mayoría cometidas por grupos armados contra la población civil.

Petro prometió que, siendo presidente, en tres meses el ELN estaría prácticamente acabado.

La realidad hoy es muy distinta. Lejos de desaparecer, grupos como el ELN siguen activos y, en varios frentes, han mostrado señales de fortalecimiento. Los grupos armados no se debilitaron: se reorganizaron, se expandieron o consolidaron su control.

Las consecuencias para los colombianos han sido evidentes. En el Catatumbo, por ejemplo, más de 50.000 personas fueron desplazadas durante ofensivas armadas del ELN. En departamentos como el Cauca o en regiones de la Sierra Nevada, comunidades enteras siguen viviendo bajo extorsión, confinamiento y control territorial de estructuras ilegales.

Ese es el balance real de la política en la que Cepeda insiste en mantener. Un balance corto, pero contundente.

Si tuviera la oportunidad de preguntarle a Cepeda algo, sería esto: ¿qué significa insistir en una política cuyos resultados son tan desastrosos?

Porque, cuando habla de la política de Paz Total, lo hace como si las cifras no existieran. De hecho, el propio candidato del Pacto Histórico ha dicho sentirse orgulloso de esa política y de haber trabajado por la paz en Colombia.

La paz es un objetivo legítimo e irrenunciable para Colombia. Pero una política pública no se mide por sus intenciones, sino por sus resultados.

Y los resultados de la Paz Total hablan por sí solos: no cumplió sus objetivos, produjo el efecto contrario al que prometía y no debilitó a los grupos armados.

Por eso, todos los colombianos —seamos o no votantes de Cepeda— deberíamos exigir algo elemental: una revisión seria del modelo de seguridad y de paz que se le propone al país.

Porque la política de Paz Total no solo fracasó. Insistir en continuarla es un peligro para Colombia.

Gabriela Alonso Jaramillo

Por Gabriela Alonso Jaramillo

Estudiante de Gobierno y Asuntos Públicos y de Ciencia Política en la Universidad de los Andes. Máster en Comunicación Política del Centro Europeo de Postgrados. Creadora de contenido, reconocida por Cifras & Conceptos como líder nativa digital y ganadora del Youth Leadership Award de los Napolitan Victory Awards.
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Miguel Rodriguez(63706)31 de marzo de 2026 - 02:59 p. m.
Cepeda aceptó que él participó en la idea de la paz total pero también admitió su fracaso y que el ELN había incumplido, por tanto esa política no continúa, se debe hacer ajustes para el logro o la búsqueda de la paz. No sé debe apelar a la desinformación para hacer campaña contra el candidato señora Alonso !
Héctor Angel Díaz Mejía(23099)31 de marzo de 2026 - 01:08 p. m.
el proyecto de la paz total y su cantado fracaso ha puesto de manifiesto que no hay extrema izquierda buscando el poder por vía se las armas y que los grupos armados son organizaciones dedicadas al narcotráfico, con un gran poder en los territorios y las poblaciones. Ese es el balance que debe recogerse para rediseñar un nuevo proyecto. Esa es una ventaja para I. Cepeda como presidente al haber estado al frente de estos procesos. No llega a improvisar.
kastriyon(czxtr)31 de marzo de 2026 - 09:45 a. m.
Para elegir al mejor presidente hay que separar el trigo de la paja y eso es cuestión de método, se debe clasificar: 1.No ha gobernado 2.GOBERNÓ 2.1.Gobernó mal 2.2.GOBERNÓ BIEN. Al final pocos candidatos quedan en 2.2. Esos son... ni Paloma ni Abelardo ni Iván clasifican en 2.2. FAJARDO SÍ. Un país sensato elige a Fajardo en primera vuelta. La experiencia importa, no podemos volver a tener portadas de revistas con la foto del presidente y el titular primer AÑO DE APRENDIZAJE... ya lo olvidaron?
Jorge Paez(eprgl)31 de marzo de 2026 - 02:24 a. m.
Gabriela, que bueno leer una columna coherente de una persona joven como usted, que no se deja tentar del romanticismo del comunismo, ni se deja amedrentar de las hordas de Petristas pagados por la corrupción; que creen que la paz es no atacar a los grupos narco-terroristas para compartir los frutos de la cosecha entre todos los bandidos empezando por el jefe, que además de consumir drogas, pagar travestis para la euforia de sus enfermos seguidores.
Lalo Parrarro(70277)31 de marzo de 2026 - 01:27 a. m.
Entonces, jalémole a la guerra. Petro pecó de optimista, pero la búsqueda de la paz sigue siendo una aspiración legítima. Si no, la opción es la guerra. Una guerra, en la que los privilegiados que opinan desde las asépticas oficinas de los centros universitarios donde se educa la élite de los elegidos (autoelegidos) nunca van a participar.
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