Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Colombia nunca ha tenido una mujer presidenta. Y, hasta el momento, solo ha tenido dos mujeres vicepresidentas. Aun así, hay algo profundamente distinto en esta campaña presidencial: varias mujeres, con trayectorias sólidas y visiones completamente diferentes de país, están disputando seriamente el poder.
Durante años, la discusión parecía centrarse en si una mujer era capaz de llegar a la Presidencia. Ahora, la conversación es diferente: qué tipo de mujer queremos liderando el país.
En Colombia, apenas seis mujeres gobiernan entre los 32 departamentos y solo 146 alcaldías están en manos de mujeres. Las principales ciudades siguen siendo dirigidas casi exclusivamente por hombres. La representación femenina en política continúa siendo baja, especialmente en cargos ejecutivos. Por eso, ver a varias mujeres disputando seriamente la Presidencia sí me parece importante.
Y precisamente por eso quiero reconocer el papel de tres mujeres en esta campaña presidencial, quienes han demostrado que las mujeres no tienen que parecerse entre sí para disputar el poder.
Paloma Valencia es liderazgo.
Lleva más de una década en el Congreso de la República y se ha consolidado como una de las voces más visibles de la oposición y de la derecha colombiana. Paloma Valencia ha logrado construir una figura política propia en uno de los escenarios más duros y masculinizados de la política colombiana. Su trayectoria política ha estado marcada por la firmeza en sus posiciones, la capacidad argumentativa y la defensa de sus ideas.
Su apuesta presidencial trae al centro una conversación necesaria para el país: que las mujeres también podemos aspirar, competir y liderar los espacios más altos de poder en Colombia. Durante demasiado tiempo, la Presidencia pareció un lugar reservado únicamente para los hombres. Hoy, en su candidatura, vemos una posibilidad real: la de una mujer que transforma la manera en la que muchas niñas y jóvenes imaginan sus propias posibilidades dentro de la política y el poder.
Edna Bonilla es rigor.
Lleva más de treinta años entre el servicio público y la academia, y ha tenido experiencia real en la administración pública, desde la Secretaría de Hábitat hasta la Secretaría de Educación de Bogotá. En Edna Bonilla veo una candidatura construida desde la preparación. En los debates sobresale por ser una mujer técnica, académica y rigurosa con los datos.
Su perfil como profesora, investigadora y formuladora de políticas públicas transmite algo que muchas veces hace falta en la política colombiana: serenidad, conocimiento y rigor. Su apuesta por la educación trae al centro una discusión fundamental para el país: que la educación es uno de los principales mecanismos de movilidad social en Colombia.
Claudia Lopez es experiencia.
Fue la primera mujer elegida alcaldesa de Bogotá y una de las figuras más importantes en la lucha contra la parapolítica y la corrupción en Colombia. También es una de las pocas candidatas que ha tenido la responsabilidad de administrar y gobernar. Ya sabe lo que significa tomar decisiones difíciles en momentos complejos para el país.
Su apuesta por el Sistema Nacional de Cuidado y las Manzanas del Cuidado trae a la mesa un debate histórico y fundamental para Colombia: ¿quién cuida a las mujeres que nos cuidan? En un país donde millones de mujeres sostienen hogares, niños, adultos mayores y trabajos invisibles sin reconocimiento ni descanso, poner el cuidado en el centro de la discusión política es una apuesta que todos los candidatos deberían reconocerle a Claudia López.
Lo más valioso de todo esto es que ninguna representa “la forma correcta” de ser mujer en política. Que hoy existan varias mujeres, con ideas y trayectorias distintas, es algo que deberíamos celebrar en Colombia: un escenario que permite que muchas podamos sentirnos representadas desde experiencias, visiones e ideologías diferentes.
Creo firmemente que cualquiera de estas tres opciones en las elecciones del próximo 31 de mayo representaría algo esencial para el país: entender que llegó el momento de que las mujeres lideremos, disputemos el poder y nos proyectemos seriamente hacia la Presidencia de la República.
