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Querer a Bogotá en tiempos difíciles

Gabriela Alonso Jaramillo

16 de febrero de 2026 - 12:02 a. m.

En una sola semana, en distintas redes sociales, vi repetirse el mismo comentario, dicho de mil formas distintas pero con la misma idea:

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“Amo Bogotá, pero está muy difícil quererla así”.

Bogotá hoy se vive con cansancio. Trancones interminables. Basura acumulándose en esquinas que no deberían estar así. Historias que dejan la sensación de que la ciudad está más agresiva, más desbordada.

El malestar no es inventado. Y ahí vale hacer una pausa: los problemas en seguridad, movilidad y basuras son reales y no se pueden maquillar. Pero la ciudad no está inmóvil.

Seguridad: percepción y datos no cuentan la misma historia

La inseguridad hoy se siente desbordada porque los hechos recientes bastan para romper la tranquilidad. Asocapitales alertó sobre la alta circulación de armas y explosivos en las principales ciudades, y Bogotá registra una de las tasas más altas de delitos cometidos con arma de fuego entre las capitales. Hay dinámicas reales que alimentan el miedo.

Y, aun así, en 2025 varios delitos de alto impacto disminuyeron, mientras otros —como la violencia intrafamiliar y las lesiones personales— siguen creciendo. La discusión no es solo qué dicen los números, sino si la gente confía en ellos.

Una reducción estadística no cambia la vida diaria si en cualquier esquina puede pasar algo. La seguridad no se vive en porcentajes; se vive en episodios. El reto es que los datos y la experiencia empiecen a coincidir.

Movilidad: un problema que estamos pagando en horas de vida

La movilidad en Bogotá es un problema estructural y lo estamos pagando en horas de vida. La congestión sigue siendo alta: la ciudad se ubicó entre las metrópolis con mayor tráfico del mundo en 2025, con niveles de congestión que crecieron respecto al año anterior y cientos de horas perdidas cada año en trancones.

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Pero, al mismo tiempo, la ciudad tiene más de mil frentes de obra activos. La Primera Línea del Metro alcanzó un 72,13 % de avance, con más de diez kilómetros de viaducto construidos y pruebas proyectadas para este año. En la avenida Caracas siguen instalándose vigas lanzadoras mientras el corredor continúa operando.

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¿Eso hace que el trancón sea menos desesperante? No. ¿Explica por qué la ciudad está intervenida en tantos puntos al mismo tiempo? Sí.

La transformación urbana no ocurre sin incomodidad. El problema es que la incomodidad es inmediata y el beneficio es futuro. Y, en el día a día, lo que pesa es el presente.

Basuras: la sensación de desorden permanente

Bogotá produce entre 6.500 y 8.000 toneladas de residuos al día. El sistema de recolección ha pasado por ajustes y por la transición de modelo, y se han anunciado refuerzos operativos, más vehículos y fortalecimiento de ecopuntos.

Hay responsabilidad institucional. Y también hay comportamientos ciudadanos que agravan el problema. Las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.

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Lo que molesta no es solo la basura; es la sensación de que el desorden nunca termina.

Educación: el avance que nadie menciona

En medio de esta conversación dominada por el caos, hay frentes donde el trabajo ha sido menos visible, pero sostenido.

En 2025, ningún colegio distrital perdió un día completo de clases. Bogotá se mantiene como la mejor entre las principales ciudades del país en calidad educativa.

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¿Qué hacemos con esta tristeza?

Bogotá hoy genera tristeza en muchos. Eso significa que la ciudad importa. Que esperamos más.

La tristeza por Bogotá es legítima. Es el síntoma de una ciudad que se está sintiendo pesada, donde la gente está perdiendo tiempo, tranquilidad y confianza.

Pero si la conversación se queda solo en el desastre permanente, se instala la resignación. Y una ciudad resignada es una ciudad que deja de exigir y deja de construir.

La ciudad tiene problemas serios: seguridad, movilidad y basura. Y, al mismo tiempo, muestra avances en indicadores, en infraestructura y en sectores como la educación.

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No todo está bien, pero no todo está perdido: es ahora cuando más debemos querer a Bogotá.

Por Gabriela Alonso Jaramillo

Estudiante de Gobierno y Asuntos Públicos y de Ciencia Política en la Universidad de los Andes. Máster en Comunicación Política del Centro Europeo de Postgrados. Creadora de contenido, reconocida por Cifras & Conceptos como líder nativa digital y ganadora del Youth Leadership Award de los Napolitan Victory Awards.
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