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La salud fue uno de los temas fundamentales de esta campaña presidencial. También tuvo un papel protagónico en las elecciones al Congreso. Esto revela una realidad que la clase política no puede ni debe seguir ignorando: cada vez más colombianos sienten que el sistema de salud en el que confiaban se está deteriorando.
Las dificultades para acceder a medicamentos, los retrasos en tratamientos, las intervenciones a las EPS y el aumento de acciones judiciales para reclamar servicios de salud han convertido este tema en una de las principales preocupaciones del país. Hoy la salud ocupa un lugar central en las inquietudes de los colombianos, solo superada por la seguridad.
Durante una entrevista para Política para Apolíticos, Juan Daniel Oviedo hizo una reflexión que resume buena parte del sentimiento ciudadano frente a esta crisis. Durante años, muchos colombianos aceptaron las deficiencias del sistema porque, al final, cuando enfermaban, recibían los medicamentos o tratamientos que necesitaban. Hoy esa confianza se ha debilitado profundamente.
Sin embargo, el aspecto más problemático de la discusión sobre salud no es la existencia de la crisis. La crisis existe. Los pacientes la viven, las familias la sienten y los candidatos la reconocen.
El verdadero desacuerdo está en otra parte: Colombia no ha logrado ponerse de acuerdo sobre qué causó esa crisis.
Para Iván Cepeda, las dificultades actuales demuestran que el modelo requiere transformaciones profundas. Para Abelardo de la Espriella, la crisis no evidencia el fracaso del sistema, sino problemas de financiación, gestión y acceso que pueden corregirse sin desmontar la estructura existente.
La misma discusión estuvo presente durante la primera vuelta presidencial. Mientras Cepeda defendía la necesidad de reformar el modelo, candidatos como Claudia López, Sergio Fajardo, Paloma Valencia y Roy Barreras insistían en que el sistema sigue siendo viable, aunque necesita correcciones urgentes.
Y ahí aparece la pregunta que la política colombiana no ha logrado responder: ¿qué fue exactamente lo que llevó al sistema a este punto?
Algunos sectores atribuyen la crisis a decisiones tomadas durante los últimos años por el Gobierno Nacional. Otros señalan problemas históricos de corrupción. Otros hablan de insuficiencia financiera. Otros consideran que las dificultades son consecuencia directa del diseño mismo del sistema.
Cada diagnóstico nos conduce a una solución distinta.
La discusión sobre la salud seguirá estancada mientras el país no responda una pregunta fundamental: ¿el sistema siempre fue malo o estamos frente a un deterioro reciente?
Si el sistema era estructuralmente malo, resulta difícil explicar por qué durante años millones de colombianos confiaron en él. Si el problema es más reciente, la discusión ya no gira únicamente en torno al diseño del sistema, sino también de las decisiones que provocaron su deterioro.
Antes de hablar de reformas, recursos o modelos, Colombia necesita construir un diagnóstico serio sobre las causas de esta crisis. Un diagnóstico que no esté determinado por la ideología ni por los intereses electorales de cada sector político.
Para hacerlo, el país debe escuchar menos a quienes utilizan la salud como una bandera de campaña y más a quienes la viven todos los días: los pacientes que esperan medicamentos, las familias que enfrentan barreras para acceder a tratamientos y el personal médico que conoce de primera mano las fortalezas y debilidades del sistema.
Entender qué nos llevó a este punto es el primer paso para encontrar una salida. Solo cuando exista un acuerdo mínimo sobre las causas de la crisis podremos empezar a construir consensos sobre cómo recuperar el rumbo de la salud en Colombia.
