La moción de censura es una herramienta indispensable de la democracia colombiana, cuyo valor hemos subestimado. Obliga a un ministro a defender públicamente sus decisiones ante congresistas que pueden interrogarlo y controvertir sus respuestas. Ninguna ha separado a un ministro de su cargo por votación desde 1991, pero ese resultado no refleja las explicaciones ni los desacuerdos que estos debates ponen ante el país.
Eso ocurrió en la moción contra el ministro de Defensa, Jorge Mora. En la Cámara tuvo que explicar una operación en la que murieron menores, con mandos de la Fuerza Pública presentes. Congresistas cercanos al Gobierno, opositores e independientes respaldaron o cuestionaron su actuación. Hubo intervenciones sólidas y otras débiles, y el país pudo evaluarlas. Al día siguiente, el Senado negó la censura por 65 votos contra 17. Durante el debate vimos al Congreso y al Ejecutivo discutir cara a cara. Esa deliberación es parte central del mecanismo y una razón para defenderlo.
Como explica Felipe Botero, director del Departamento de Ciencia Política y Estudios Globales de la Universidad de los Andes, la moción de censura es un juicio político. El Congreso puede cuestionar el desempeño de un ministro sin tener que probar que cometió un delito. En el debate sobre Mora se discutieron la información disponible antes del ataque, la preparación de la operación y el cumplimiento del Derecho Internacional Humanitario. También se le preguntó qué hará el Ministerio de Defensa para prevenir el reclutamiento de más menores. La moción permite juzgar si sus respuestas son suficientes.
La inconformidad con este instrumento tiene un motivo concreto. El politólogo Javier Duque Daza estudió las mociones presentadas entre 1992 y 2014 y encontró que permitieron a la oposición y a algunos integrantes de las coaliciones de gobierno cuestionar decisiones ministeriales ante la opinión pública. Ninguna prosperó. Duque atribuye ese resultado a las reglas del mecanismo y a las mayorías que respaldaban a los gobiernos. Su investigación muestra que llevar a un ministro ante el Congreso y reunir los votos para removerlo son dos capacidades distintas.
Las mayorías de gobierno pueden cambiar antes de la votación. En 2019, Guillermo Botero renunció después del debate en el Senado sobre la muerte de menores en un bombardeo. Una semana más tarde, la moción fue negada. En 2021, Karen Abudinen compareció ante la Cámara por el caso Centros Poblados y dejó el cargo cuando varias bancadas anunciaron que votarían a favor de censurarla. La Cámara tampoco aprobó la moción tras su renuncia. La presión pública también influyó en esas salidas, pero en ambos casos la posibilidad de censura estaba sobre la mesa.
La moción va más allá de la citación a un ministro porque concluye con una votación que puede separarlo del cargo. El Senado decidió mantener a Mora. Quienes defendieron su permanencia expusieron sus razones; quienes pidieron su salida señalaron qué cuestionamientos seguían sin resolverse. La votación dejó registrada la posición de cada senador, que también puede ser evaluada por la ciudadanía.
La votación no cerró las preguntas sobre la operación. El Congreso puede solicitar información adicional sobre su planeación, examinar qué precauciones se adoptarán cuando haya indicios de menores reclutados y pedir cuentas por las medidas para prevenir el reclutamiento. También puede volver a citar a Mora y contrastar sus respuestas con las decisiones que tome el Ministerio de Defensa. Cuando está en discusión la muerte de menores reclutados, ese seguimiento importa tanto como las explicaciones sobre el ataque.
Las mayorías pueden asegurar que un ministro permanezca en el cargo. La moción de censura, sin embargo, lo obliga a explicar sus decisiones frente al Congreso y permite conocer los argumentos de quienes lo cuestionan y de quienes lo respaldan. También deja a la vista cómo actúa una mayoría cuando el Gobierno necesita sus votos. Reducir todo ese ejercicio al resultado de la votación es subestimar uno de los contrapesos que la Constitución le dio al Congreso frente al Gobierno.