Una de las principales promesas de este sector ha consistido en construir una alternativa distinta a la polarización, basada en el diálogo, la moderación y la defensa de las instituciones. Sin embargo, ante el silencio que ha acompañado a buena parte del centro político después de las elecciones, este es precisamente el momento de demostrar que esos principios no son únicamente una estrategia electoral, sino una forma permanente de participar en la vida pública del país.
Mientras Colombia discute asuntos que deberían convocar a todas las corrientes democráticas, buena parte de quienes han representado al centro político han perdido presencia en esta conversación. En las últimas semanas hemos visto cuestionamientos a la legitimidad de las elecciones sin pruebas públicas que los sustenten, llamados a escenarios de confrontación política –como la desobediencia civil– y un nuevo gobierno cuya agenda pública ha estado marcada por debates sobre la posesión, mientras el país sigue esperando respuestas frente a problemas urgentes como la crisis de la salud.
El centro político no puede asumir que el espacio público estará disponible simplemente porque alguna vez representó una alternativa. En política, los espacios no se heredan ni permanecen vacíos; se construyen, se disputan y se defienden. Una corriente política no puede esperar a que la llamen a participar en la conversación nacional. Tiene que buscar ese lugar y demostrar por qué su mirada sigue siendo necesaria.
Después de la derrota en las elecciones legislativas y presidenciales, el centro político debería revisar su papel. Más que preguntarse solo por sus resultados electorales, debería preguntarse qué ocurre con la representación política cuando quienes aspiran a ejercerla dejan de ocupar un lugar activo en el debate público.
Cuando una persona decide participar en política y aspira a representar a otros ciudadanos, su responsabilidad no depende únicamente de si ganó o perdió una elección. Los ciudadanos no votan solamente para que alguien ocupe un cargo; también lo hacen porque confían en su criterio y en su capacidad de aportar al país. La representación se construye en las ideas, en la deliberación y en la capacidad de mantenerse presente en la vida pública.
Por eso resulta preocupante que, después de una derrota electoral que evidenció las dificultades que enfrenta el centro para conectar con los ciudadanos, la respuesta haya sido una menor presencia en el debate nacional. Una derrota debería abrir espacios para revisar errores, reconstruir liderazgos y escuchar nuevamente a quienes confiaron en ese proyecto. El silencio difícilmente ayudará a recuperar una confianza que ya venía debilitándose.
Buena parte del centro político construyó su identidad alrededor de la institucionalidad, la moderación y la capacidad de reconocer los errores y fortalezas de distintos sectores. Pero la moderación no puede convertirse en ausencia, ni la prudencia en una renuncia a participar.
Durante los últimos años, el centro ha tenido dificultades para conectar emocionalmente con los ciudadanos. Ha construido gran parte de su discurso alrededor del análisis técnico, los datos y los diagnósticos, elementos fundamentales para gobernar, pero insuficientes para construir una identidad política. La ciudadanía no solo necesita explicaciones sobre los problemas del país; también necesita sentir que alguien entiende sus preocupaciones, que las escucha y que comparte la urgencia de encontrar soluciones.
El futuro del centro político no dependerá únicamente de encontrar un nuevo candidato, fundar un partido o construir una alianza electoral. También dependerá de su capacidad para recuperar una relación con los ciudadanos que alguna vez confiaron en ese proyecto.
Quienes apostamos por este sector no esperamos que tengan todas las respuestas, pero sí necesitamos que participen en las conversaciones que definen el rumbo del país. Al final, queda una pregunta para el centro político: ¿cómo pretenden recuperar nuestra confianza si, precisamente cuando más esperábamos escuchar su voz, decidieron guardar silencio?