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Una colega se mostró indignada con la publicidad dada a las bienales de arquitectura en Medellín y, hace pocos días, en la revista Architectural Review, a lo que algunos publicistas ingleses consideran lo "mejor" de la producción arquitectónica en Colombia, ensalzándola como ejemplar en Suramérica.
Relegaron, dijo, la obra del maestro Rogelio Salmona a un segundo plano, destacando ejemplos como la biblioteca del arquitecto Mazzanti en la selva comunal de Medellín.
Paciencia, recomendé a mi colega, todo regresará a un statu quo. En un par de años las bibliotecas y otras obras de vanguardia en Medellín, que tanto le preocupaban, estarán pasadas de moda y en menos de veinte más, la pica y el buldózer se las llevarán por delante, como al teatro Junín y otros edificios de la capital antioqueña. El axioma es que, en arquitectura contemporánea, lo nuevo siempre es peor y más efímero que lo existente. Los arquitectos no son ajenos a los “quince minutos de fama” que todos estamos destinados a tener, según Andy Warhol. Pero después…
Ignoro si la revista inglesa tenía razón o no en sus elogios publicitarios a ciertos arquitectos y edificaciones, es decir, a un microscópico segmento de todo lo que se construye en el país declarándolo como “lo colombiano”. ¿La arquitectura en Colombia consiste en unos cuantos edificios, algunos parques y ejercicios urbanísticos, todos “muy buenos”, así como hay en el país excelentes cantantes, sobresalientes diseñadoras del vestir o algún magnífico escritor? Ni pensar en la inmensa mayoría de quienes carecen de talento genial. Desde hace siglos la historia de la arquitectura se relata a base de vanguardias, obras paradigmáticas o de figuras de titanes del oficio o la profesión.
Siempre hay quien piensa lo contrario: Que esos pocos ejemplos, importados, copiados, o de pronto originales, sólo representan a sus autores y no a “los arquitectos colombianos” y menos aún al “país”. Que esas canonizaciones críticas son tan engañosas y discutibles como las puestas de moda y practicadas tercamente por el Vaticano. Pregunta al margen: ¿Quién acredita al acreditador de una escuela de arquitectura que no merece ningún crédito?
*Miembro del colectivo Ciudades Invisibles.
