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Contra el miedo

Gloria Arias Nieto

17 de julio de 2023 - 09:05 p. m.

Al lado de las grandes tragedias que padecen nuestras regiones y que les han costado la vida a miles de colombianos vulnerables, a minorías, líderes sociales y firmantes de paz, suena desbalanceado quejarnos de los robos callejeros que se tomaron la capital del país. Pero es que ya es demasiado. Quienes vivimos en Bogotá quedamos atrapados por una camisa de fuerza, amenazas reales, que van mucho más allá de una percepción. No es que estemos nerviosos ni paranoicos, no es un miedo gratuito ni un tema de ideologías o partidos. En Bogotá se han cometido en lo que va del año más de 44.000 atracos, robos, hurtos y asaltos, más de 4.000 con armas de fuego. La inseguridad se convirtió en paisaje urbano y, como si vivir con miedo fuera algo normal, nos acostumbramos a que las acciones a mano armada desborden cualquier capacidad de respuesta.

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En general no me gusta quejarme si no soy capaz de plantear soluciones, pero el silencio es cómplice de la resignación y no podemos conformarnos con este péndulo que va del extremo de dispararles a los ojos a los jóvenes que protestan, a la ineficiencia o la insuficiencia de una fuerza pública que no ha sabido frenar el boom de la delincuencia. Necesitamos un principio de convivencia equilibrado y respetable, que la autoridad cumpla su tarea y se honren los derechos humanos de todos los ciudadanos (de atracados y atracadores, de manifestantes y policías, consumidores y ancianos, maestros, niños, niñas, presos, obreros, recicladores y empresarios). Cada día endosado a la violencia, a la raponería y al desespero es un día perdido para la calidad de vida y para la inteligencia emocional individual y colectiva.

Es cierto que en Bogotá no vivimos los horrores de las zonas rojas de nuestro país, pero nos reclutaron la tranquilidad y, aquí y allá, vivir con miedo hace daño.

Quizá por eso valoro tanto las cosas que nos reconfortan como personas y como una sociedad que sigue viendo en la cultura y en el arte una imprescindible tabla de salvación. Me sanan el teatro y sus actores, sus textos, sus luces, su capacidad de transportarnos a otra realidad y navegar en ella con los ojos abiertos y el alma lista a lo que sea que suceda en cada escenario.

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Este fin de semana tres obras me reconciliaron con mi ciudad:

El principio de Arquímedes, en Casa Ensamble. Una obra que hay que ver, llena de fuerza interpretativa y de dilemas éticos. Tiene una escenografía sencillamente genial, tres actores y a una Alejandra Borrero magistral, un lujo de actriz que ha tenido la valentía necesaria para defender las causas de las mujeres y mantener en pie una casa que ya tiene un latido propio en el barrio La Soledad. En su Casa Ensamble el teatro y el espectáculo están cada día más vivos. Vayan.

En otro barrio otro grupo tiene La Bohemia, una sala pequeñita donde caben todas las emociones. Allí presentaron dos obras conmovedoras, dirigidas por Nelson Celis. La primera es El contrabajo. ¡Bellísima! Un monólogo de Patrick Süskind, interpretado por Mariano Loedel, un hombre lleno de sensibilidad y ternura, un músico de verdad verdad al que uno quisiera abrazar desde el primer minuto de la obra. La segunda es La más fuerte, dos mujeres de negro, dos historias que se vuelven una en la confrontación.

Y nos preparamos para ver en agosto el Festival de Mujeres en Escena por la Paz, creado hace 32 años por el corazón infinito de Patricia Ariza.

¡Tenemos tanto por curar y tanto talento por aplaudir! Gracias por el teatro, redención y tratamiento contra el miedo y las derrotas.

gloria.arias2404@gmail.com

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