Publicidad

Pazaporte

Cuando hay vidas de por medio

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Gloria Arias Nieto
07 de julio de 2026 - 05:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Necesitamos una mente de amplio espectro para comprender más y descalificar menos; para defender con firmeza cuanto hemos conquistado a pulso y con la gente, y aproximarnos con paciencia y mesura a quienes piensan distinto y ostentarán el poder.

Vamos a necesitar una inteligencia emocional de aquí a la Luna, porque llegamos a los próximos cuatro años con un país partido en dos, y agotado por la pugnacidad que se convirtió en la piedra nuestra de cada día. No estamos para atizar más tormentas, ni para hundirnos en una sociedad de supuestos vencedores y vencidos que haría imposible sanar las heridas.

Me cuesta mucho –muchísimo– esperar el 7 de agosto sin alarma y prevención, pero estoy dispuesta a pelear contra mi propia incertidumbre, si de eso depende que no se pierdan las cosas por las que hemos trabajado. Me refiero al camino que nuestro pequeño gran equipo de la Mesa de diálogos de paz en Nariño y Putumayo ha recorrido para desescalar la violencia en el territorio y enmendar ausencias crónicas (la ausencia también es violencia). Y no es por nosotros ni por orgullo que necesitamos preservar lo logrado: es porque hay vidas de por medio; vidas que han confiado en la palabra que les dimos; que tuvieron el valor de cambiar de rumbo, dejar las armas y confiar en un Estado que no los puede defraudar, ni echar en brazos de otras balas, ni decirles que la única puerta que les ofrece es la reja de una cárcel.

Y por eso pelearé contra mí misma, contra las animadversiones que considero justas, pero improductivas: no renuncio a la aprensión que me genera lo que viene, ni a la indignación que me produce la posibilidad de regresar al oscurantismo y volver a las persecuciones que creíamos superadas. Pero debemos ser capaces de crear un espacio posible, y que la resistencia contra los exabruptos no nos impida –a lado y lado– conciliar en lo indispensable.

Más allá de tener o no la razón, no quiero convertir mi vida en una trinchera, porque los primeros en caer serían los más vulnerables, los que nos entregaron su confianza, y hablo de excombatientes desarmados, de veredas que por fin llegaron al radar del Estado, y comunidades que celebran la disminución de las tasas de homicidios (léase vidas salvadas, menos sueños truncados y más futuros abiertos).

“No hay paz pequeña”, nos dijo una mujer –que sabe 100 veces mejor que yo lo que significa persistir en esta búsqueda– cuando comentamos que habríamos querido hacer más; y que hoy no fueran 99 sino mil los excombatientes desarmados, y que hubiera muchas más zonas de ubicación temporal llenas de aulas de capacitación y de muchos más colombianos apartados de la violencia y en tránsito a la ciudadanía plena.

“No hay paz pequeña”, y tampoco hay paz perfecta ni completa. Pero un soldado que no murió en combate, una granada que no explotó en el cuerpo de un campesino, un niño que pudo volver a la escuela o un combatiente que dejó su uniforme y su fusil –créanme– habrán valido la pena.

“No hay paz pequeña”, ni misiles buenos ni bombardeos plausibles. No hay casos perdidos ni somos nadie para negar segundas oportunidades. Al menos no seré yo quien lo haga, ni quien deje de hacer cuanto esté a mi alcance para que juristas, militares o subversivos, gobernantes y gobernados comprendan que proclamar una guerra o asfixiar judicialmente una concertación, podrá ser una demostración de fuerza, pero no de fortaleza. La fortaleza, entendida como entereza y tenacidad para llevar el país hacia algo mejor, está en crear las condiciones para declarar la paz, y que 50 millones de colombianos cumplamos y protejamos –en serio– esa declaración.

Gloria.arias2404@gmail.com

Conoce más

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.