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De vida o muerte

No sé qué pensarán los empresarios que apoyaron la elección de Abelardo de la Espriella y de premio los obligaron a agachar su cabeza para cortar la de Bruce Mac Master y pagarle, en un acto de rendición y cobardía, más de 12 años de entrega al gremio.

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O qué sentirán los medios que para atajar un segundo gobierno de izquierda calumniaron al candidato filósofo y ahora los presionan para despedir periodistas y entregarle páginas, cámaras y micrófonos a un publi-reportaje perpetuo.

¿Cómo estarán los puristas que veían en el progresismo una amenaza al Estado de derecho y ahora tendrán que paladear un estatuto antiterrorista que hace ver al de seguridad del 78 como un juego de un-dos-tres-cuclí por mí?

Les preocupaba tanto que Gustavo Petro reencarnara en Iván Cepeda que se les coló entre las manos la autocracia del tigre, y la lista de arrepentidos crece entre el silencio de los inocentes y los que fingen sorpresa. Pero no es consuelo, porque -ámenlo o repruébenlo- ADLE es el presidente del manicomio.

El empoderado pistolero todavía cautiva a muchos, comenzando por los fabricantes de bolsas para empacar muertos; lo aplauden hastiados de las excentricidades de Petro, de su ambigüedad frente a la corrupción y la dudosa reputación de varios impresentables de su círculo más cercano. El doble rasero de nuestro racismo estructural se rasgó las vestiduras porque la anterior vicepresidenta viajaba en helicóptero para que no la mataran a tiros en la carretera; pero guarda silencio frente a una blanca primera dama que se toma fotos con cuanto niño negro se encuentra al bajar “white style” del avión presidencial. A Petro no le perdonaron haber sido guerrillero, pero a muchos parece no importarles que el sucesor haya amasado su fortuna defendiendo estafadores y paramilitares.

Hace poco dije que el milagro será llegar vivos al 2030. Suena dramático, pero recuerden que no solo de plomo muere el hombre (y la mujer). También mueren cuando los encarcelan injustamente o los catalogan de terroristas sin serlo; cuando son hostigados y pierden el trabajo y hasta la posibilidad de vivir en su propio país. Cuando el miedo es el primer comensal en la mesa, ahí se empieza a morir sin dejar de respirar.

Necesitamos que el Congreso de la República debata y vote con las neuronas y la conciencia, no con el bolsillo ni por intimidación.

El estatuto antiterrorista que convertiría al país en una horrenda cacería de brujas y en una cárcel de más de un millón de kilómetros cuadrados; la asfixia para la JEP, la ARN y las mil formas de volver cenizas las trizas del acuerdo del 2016; la reducción de la justicia al grito de “sumisión o bolsa”, tienen que ser frenados, y el mecanismo lo tiene el Capitolio. La integridad de los congresistas tendrá, literalmente, un efecto de vida o muerte.

Antes de terminar, un homenaje a dos personas que se fueron la semana pasada: Piero, el querido viejo que nunca desamparó nuestras búsquedas de paz, y con su voz y su guitarra nos hizo más feliz el camino hacia la no violencia. Desde nuestra adolescencia hasta la infancia de nuestros nietos, la sonrisa de Piero acompañó el corazón de tres generaciones.

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Y Marcela Romero de Silva, abogada del Consejo de Estado, secretaria jurídica del presidente Barco y constructora de las bases para la constituyente del 91; valiente en todo, generosa en su cariño y rigurosa en su profesión; trajo al mundo a Ricardo Silva Romero, el mejor y más entrañable escritor vivo que tiene Colombia.

Cada uno en su tarea, en su arte y sabiduría, Piero y Marcela abrazaron nuestra vida, empacaron su equipaje y se fueron a iluminar el Cielo.

Gloria.arias2404@gmail.com

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