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Son las 6:12 de la tarde del sábado 16 de julio; voy caminando y me llega el primer mensaje que anuncia una noticia tan mezquina como absurda: Humberto de la Calle -el único estadista que nos queda, el hombre que lideró un Acuerdo de Paz modelo en el mundo, logró el desarme de más de 13.000 guerrilleros y dio origen a instancias como la Justicia Especial para la Paz y la Comisión de la Verdad- había sido expulsado del partido Oxigeno Verde. Presentíamos que algo así podría pasar; pero no tan rápido y tan feo. En fin. Es un capítulo más en el itinerario de Íngrid Betancourt, la mujer que vino de París a volver trizas la confianza, la política y la lealtad.
La bancada de Oxígeno Verde eran dos personas: Humberto de la Calle para el Senado y Daniel Carvalho en la Cámara por Antioquia. Ambos habían expresado públicamente y con las cartas sobre la mesa-como siempre lo han hecho- que eran, son y serán independientes. Eso quiere decir que no se sumarán a ojo cerrado a un comité de aplausos, y tampoco tendrán la consigna de dinamitar todos los proyectos que plantee el partido de gobierno. Pero doña Íngrid, se negó; ella insiste en ser oposición al gobierno electo, y está en su derecho -y en su derecha- de hacerle barra a la senadora Cabal. Pero lo que ni Íngrid ni su asamblea (plagada de irregularidades y atropellos contra los estatutos) podían hacer, era decidir por la bancada. Usurpar ese poder de decisión personal e intransferible, no es jurídica ni políticamente válido, y eso debería saberlo una excandidata presidencial.
Ahora bien: como el estatuto de oposición garantiza el derecho a la réplica y mayores recursos de funcionamiento a los partidos opositores, parece que eso influyó en la señora Betancourt, como si se tratara de hacer un buen negocio. Quizás olvidó una lección del primer kínder de ética política: tanto el respaldo como el antagonismo deben ser como el cariño verdadero: ni se compra ni se vende.
Humberto y Carvalho le habían propuesto a la señora Betancourt un divorcio amigable y razonable; pero eso era mucho pedir: son dos atributos que ella raras veces ejerce.
187.307 colombianos votamos por De La Calle y él se posesionará el miércoles 20 de julio como senador de la República de Colombia.
En su caso particular es un honor haberse quedado sin partido, y lo principal es que tanto su curul, como la del representante Carvalho, siguen firmes. Recordemos además que los votos son de ellos dos, no patrimonio de Íngrid ni de su partido.
En resumen, los electores podemos estar tranquilos: curules preservadas, y senador y representante saben que su lealtad es con nosotros; con la paz, con la independencia y con las decisiones que favorezcan a Colombia.
¿Quién pierde y quién gana con esta expulsión?
Sigue perdiendo Íngrid Betancourt. Uno no puede andar por la vida maltratando a personas como Humberto de la Calle y pretender que eso no tenga consecuencias muy negativas en su imagen, credibilidad y respaldo. Todo en ella se volvió exiguo.
Ganan en libertad De La Calle y Carvalho; y gana el pensamiento crítico, la independencia y la política sin mordaza.
Si se impugna o no la expulsión, eso es secundario. Lo fundamental es que las curules no se pierden, y el verdadero oxígeno, el que se ha forjado en décadas de trabajo por la paz y la democracia, el que permite respirar con integridad y le da vida a las células de la conciencia, ése, el que honra, lo tiene y tendrá siempre Humberto De La Calle.
Brindo por su libertad, mi querido senador.
