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La humanidad de un prisionero

29 de septiembre de 2026 - 12:05 a. m.
“El mandatario abogado olvidó que los reos siguen siendo humanos”: Gloria Arias Nieto.
Foto: EFE - Policía de Colombia
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Un día el presidente desfila entre cadáveres embolsados; otro, el hombre más custodiado del país recorre Santa Marta portando un arma de fuego, y el viernes se dedica a humillar sin piedad ni sentido a un prisionero entregado en extradición. El mandatario abogado olvidó que los reos siguen siendo humanos y que estar privado de la libertad no implica privarse del derecho de recibir un trato digno. Ningún presidente tiene la prerrogativa de llamar “alimaña” a una persona; ni bombardear a quienes no se rindan ante su peculiar modelo de justicia; tildarnos de cómplices, amenazar a los jueces, o nombrar a Cristo cada vez que se le ocurra proferir una sentencia de muerte.

No, señor presidente. Tal vez usted se crea el relato que intenta venderle a gringos y colombianos, pero si usted o alguien de su gobierno se hubiera tomado la molestia de preguntarnos a quienes estuvimos en las mesas de paz (sí señor, estuve en una mesa de paz, y no, no soy cómplice de ningún delincuente) cómo transcurrieron los diálogos, y si el grupo armado al que pertenecía el señor que usted extraditó el 25 de septiembre había cumplido lo pactado, quizá usted podría haber tomado decisiones orientadas por las evidencias y no por la rabia, y recordar que usted le debe más lealtad a los campesinos de Colombia que a los Marshall y a la DEA.

Voy a contarle, presidente, lo que usted no tuvo la sensatez de interesarse en saber a tiempo: durante dos años, y contra viento y marea, las delegaciones del gobierno anterior y de la Coordinadora Nacional EB (CNEB) sostuvimos una negociación por la paz, porque en la mesa y en los territorios sabíamos algo que usted parece ignorar: los incendios no se apagan con gasolina.

Los delegados de la CNEB cumplieron todos los acuerdos pactados en la mesa. Y concretamente el señor Andrés Rojas —aun después de haber sido capturado mientras terminaba un ciclo de negociaciones en Bogotá—, él, la persona que usted expuso ante el país y el mundo negándole un átomo de respeto humano y exhibiéndolo cruelmente como una presa de caza, esa persona que se llama Andrés (no alimaña) hizo que fuera posible la erradicación de 13.000 hectáreas de coca en el Putumayo; entregó gran parte de las 14 toneladas de material bélico que fue destruido en noviembre del 2025 y desde la cárcel dio la última orden como comandante en jefe a 99 excombatientes para que el 18 de junio del 2026 entregaran las armas.

Jamás defendí ni defenderé ninguna de las actividades vinculadas con el narcotráfico; pero eso no me impide reconocer que Andrés Rojas dedicó los últimos dos años de su vida en Colombia a cumplir lo pactado y a hacer que el grupo que dependía de él se mantuviera (para que usted me entienda) firme por la paz.

Usted tenía la potestad legal de extraditarlo. Lo horrendo fue el show de la humillación por parte de un presidente hacia un prisionero que tenía el abdomen, las manos y los pies encadenados. Ojalá en vez de haberle dado con burla la bienvenida a la patria milagro, usted hubiera comprendido que un prisionero no es el crimen que cometió, sino un ser humano que siente, piensa, sufre y sueña; alguien que tomó decisiones muy equivocadas y que como usted y como yo y como todos, tiene derecho a una segunda oportunidad.

Presidente, para hacer milagros no hay que adorar la violencia ni escudarse en una extraña amalgama de armas, ira y religión. Andrés Rojas se llevó en su conciencia los delitos que haya cometido, su decisión de abandonar la guerra y los hechos de paz que lideró. Así es que la puesta en escena del viernes en Barranquilla no le quitó dignidad a Andrés. Realmente quien perdió dignidad, fue usted.

Gloria.arias2404@gmail.com

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