A María Gómez Lara su mamá le enseñó a escribir en la arena. Quizá por eso no recuerda un solo momento de su vida en el que la poesía no haya estado presente. María se toma el tiempo necesario hasta encontrar la palabra precisa, la que suene como tiene que sonar, la que diga lo que deba decir. Sin afán, sin inmediatez. Cada palabra nació para ser cantada y contada de una manera especial, con una voz propia, con un sentido que no se remplaza por otro; María lo sabe y lo ejerce como una consigna de vida.
María es hija de una Quijota que en todo lo que hace y escribe, en cada columna, línea editorial o entrevista honra la valentía y la independencia del periodismo bien hecho; y de un hombre que vivió en inquilinatos de Bogotá, pagó con su primer sueldo la lápida de su madre, y fue ministro y fiscal y es uno de los juristas más importantes que ha tenido Colombia. Él -el papá de María- es hijo de un sastre negro y de una mujer blanca de trenzas largas y ojos verdes. “En el pueblo la gente no entendía y le aconsejaban bañar a los niños en leche para que se blanquearan”.
Es toda una lección leer el alma de María; en su gesto cuando se ríe, en los ojos que le brillan al hablar de su abuelo que tocaba tiple, guitarra y bandola. María lee su historia convertida en poesía, y su voz se vuelve música, es canto, es -entre telones y entre la sangre- ritmo de tambores; es el ruido de las cadenas que hace cientos de años esclavizaron a hombres y mujeres que traían del África en los barcos de la infamia, y es -sobre todo- no una clave de sol sino una clave de libertad de quienes no se dieron por vencidos.
En las páginas de María está la huella de generaciones que fueron maltratadas a éste y al otro lado del mar. Está la denuncia por esa maldad transnacional, esa odiosa demostración de ignorancia, esa estúpida violencia estructural llamada racismo; uno de los más grandes y prolongados crímenes de los que la humanidad siempre deberá sentirse avergonzada y ni el tiempo ni el futuro alcanzarán para pedir suficiente perdón.
“La Historia de mi piel” es un libro de investigación y narraciones vueltas poesía. Es un libro sobre el dolor de la discriminación, sobre la injusticia y el rechazo, sobre la fortaleza para no dejarse vencer. Es un testimonio de todas las memorias que guarda el cuerpo, un relato de naufragios y de sobrevivientes. Y es también la alegría de una mujer muy joven que al llegar a España, antes de buscar dónde vivir, buscó dónde bailar. Es su voz y la de otros y otras que aprendieron a resistir, a no hundirse ni en el mar ni en la discriminación, a izar las palabras como quien levanta banderas, y a contar el pasado, la memoria propia y la de los padres y los abuelos. Es el canto de las raíces, de los turbantes de colores, del closet en el que “no hay nada normal”.
En “La historia de mi piel”, María habla del colonialismo (¿qué carajos celebramos el 12 de octubre?), de las despedidas y las rupturas. Sus libros y su vida son fortaleza para resistir, para no ahogarse, para resucitar después de cualquier herida, para -siempre- volver a encontrar las palabras… incluso para imaginar gardenias como escudos contra la tristeza.
María sufre por las mujeres encerradas (las de antes y las de ahora) y les presta su tesoro, sus palabras, y abraza desde su poesía a cada mujer esclavizada y conecta historias, ataduras y emancipaciones para que ninguna mujer sea invisible y ningún dolor pase desapercibido.
Les propongo encontrarnos este miércoles 9 a las 6 p.m. en Ficciones (bar de libros en Bogotá) con María Gómez Lara, con su fortaleza, su ternura y libertad.
Gloria Arias Nieto
Gloria.arias2404@gmail.com