Publicidad

Pazaporte

“Odiar es mala idea”

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Gloria Arias Nieto
03 de marzo de 2026 - 05:05 a. m.
"quienes creemos que la soberanía no es un sofisma de distracción, pensamos que el problema deberían resolverlo los iraníes y no los extranjeros": Gloria Arias Nieto.
"quienes creemos que la soberanía no es un sofisma de distracción, pensamos que el problema deberían resolverlo los iraníes y no los extranjeros": Gloria Arias Nieto.
Foto: AFP - ALEX MITA
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

El régimen represor del Ayatola Alí Jamenei recientemente asesinado en Irán por el binomio mortal Netanyahu-Trump, le había causado las peores humillaciones a miles de mujeres; había perseguido, encarcelado y asesinado a manifestantes de distintas protestas, desde las de 1999 hasta las más recientes en las que murieron más de 20.000 iraníes; la “policía de la moral” detenía, torturaba y mataba; la pena de muerte era el pan de cada día para las poblaciones minoritarias; el país estaba sumido entre el oprobio y la crueldad, y el Ayatola, auxiliador de organizaciones criminales como Hamás y milicias de Irak y Siria, se había convertido —además— en una amenaza nuclear para el mundo.

Era evidente que Irán no tenía por qué seguir soportando al tirano de la barba blanca, pero quienes creemos que la soberanía no es un sofisma de distracción, pensamos que el problema deberían resolverlo los iraníes y no los extranjeros; y, sobre todo, no a punta de bombardear una escuela en la que fueron asesinadas 80 niñas.

Esa obsesión de escalar los males, las agresiones y las amenazas a ver quién resulta más matón, más poderoso y más capaz de degradar al otro, no puede conducirnos a nada bueno. Y menos aún, cuando lo que guía a los supuestos “redentores” no es el rescate de la democracia (les importa un soberano pepino el gobierno del pueblo), sino ese oro líquido azul-verdoso y viscoso llamado petróleo, por el que se arman y se matan a lo largo y ancho del mundo. No sé en qué momento las prioridades se aletargaron; grandes liderazgos endosaron su existencia a una ambición cargada de egoísmo y sordidez; la voluntad de muchos se volvió maleable, como una masa de intimidación y usura en manos tiranas. No sé en qué momento los seres humanos nos volvimos expertos en convertir las riquezas en desgracias.

No acababa de lanzar su último estertor el horrible Ayatola, cuando ya los iraníes estaban anunciándole al mundo que vengarían su muerte. Y así avanza el espiral de las retaliaciones, el mundo en clave de represalia mientras —en una realidad paralela a la que no hay tiempo de atender— los pobres están cada vez más pobres, los niños cada vez más huérfanos, los viejos cada vez más solos y los dioses cada vez más decepcionados.

Un exitoso y culto partner de chat (con quien casi siempre estoy en desacuerdo), escribió hace poco una frase que me impactó por cierta, por necesaria y porque resume casi todo lo que deberíamos practicar en nuestra vida privada, pública, social y política; si la comprendiéramos en toda su dimensión y la aplicáramos como consigna, nos salvaría de muchas derrotas, habríamos evitado mucha sangre derramada y muchas venganzas estériles. En medio de una gazapera en la que todos creíamos tener la razón, escribió cuatro palabras: “Odiar es mala idea”. Más que una frase, una lección para degustar en calma, para sentirla, asimilarla y apropiarnos de ella, como una trufa de chocolate cuando se disuelve en la boca y uno queda impregnado de algo que vale la pena.

¡Tienes toda la razón! Odiar es una pésima idea, y más aún cuando al odio se le suma un poder que se vuelve tirano, unas armas que se convierten en sentencia de muerte, y un dinero inagotable capaz de comprar conciencias y cuanta maldad artificial se fabrica en cualquier lugar del planeta. “Odiar es mala idea”, siempre, y peor ahora, cuando el presente del mundo está roto y el futuro se ve más lábil que nunca.

Y aquí, sin ir más lejos, solo una respetuosa sugerencia para la jornada del próximo domingo: tratemos de votar guiados por el conocimiento y no por el tabú; por la confianza y no por la animadversión. En las elecciones, como en la vida, “odiar es mala idea”.

Gloria.arias2404@gmail.com

Conoce más

 

DIEGO ARMANDO CRUZ CORTES(25270)05 de marzo de 2026 - 08:31 p. m.
Odiar es mala idea, y peor idea cuando odias a tus propios compatriotas. Irán luego de la revolución islamica entro en un retroceso cultural que lo aislo de la modernidad. Siendo dirigidos por clérigos, su justicia se basa en una falsa ley divina similar a la de sus arrecimos enemigos que reclaman la tierra de Palestina como suya. Dificil que el pueblo iraní fuese capaz de resolver sus propios problemas salvo miles y miles de muertes inocentes más, la represión es brutal como se ha evidenciado
hernando clavijo(26249)05 de marzo de 2026 - 03:19 a. m.
Bien Gloria
Luis Carlos Cortés(m2w9y)04 de marzo de 2026 - 02:39 a. m.
Sra. Arias felicitaciones por su edificante columna. Yo le agregaría algo que aprendí de Gonzalo Gallo: "La Magia del Perdón" para completar toda una iniciación a la paz que tanto buscamos la mayoría de los colombianos.
Alain Perdomo Herrera(38739)04 de marzo de 2026 - 02:04 a. m.
Excelente columna Gloria, quedé sin palabras
Julio Enrique Galán Roa(83619)03 de marzo de 2026 - 11:34 p. m.
Después de leer a doña Gloria, me quedé pensando donde está el límite entre el odio y la crítica severa y permanente. Lo digo porque yo a diario estoy cuestionando y condenando el accionar genocida del zionismo en Palestina, pero una amiga que es simpatizante del judaismo confunde mi condena al zionismo con antijudaismo y afirma que estoy lleno de odio. Creo que el sentimiento es de aversión, algo diferente al odio.
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.