Ahora sí “ya llegó la fecha”. Mejor dicho, llegaron las fechas:
17 de junio a las 9 p. m., el primer partido de Colombia en el mundial. Domingo de 8 a. m. a 4 p. m., Colombia se la juega por el estilo de país que quiere ser.
Para los del miércoles: ¡Gracias muchachos de la Selección por la tenacidad y la emoción, por la habilidad y la disciplina! Desde ya les agradezco un triunfo que sólo ustedes podían darnos: nos regalaron a 50 millones de colombianos bastante exacerbados, un motivo de ilusión y de unión más allá de cualquier diferencia, una fuerza en común que nos vuelve poderosos alrededor no del miedo sino de la esperanza. En estos momentos de temblor nacional, ustedes son el techo de optimismo que nos cobija a todos por igual.
Y para los electores del domingo: votar es un derecho ciudadano y un deber de conciencia y es urgente ejercer ambos, porque es demasiado lo que está en juego. Todavía tienen unos días para leer los programas de gobierno, repasar entrevistas, ver las líneas rojas de los candidatos, sus actitudes de inclusión o despotismo, y si lo suyo será amedrentar a medio país y retroceder tres décadas, o una dirección concertada, sin fracturas ni estigmas, llevando en alto las banderas de la equidad y la justicia social.
Repasen qué tanta importancia le dan el abogado de las tres nacionalidades y el filósofo librepensador a las mujeres y a los niños, a la educación y a la cultura, a la inclusión y a la construcción de paz. Oigan qué han contestado respecto a la seguridad, el desarrollo, el empleo y la superación de la pobreza. Qué han dicho y qué han hecho desde sus historias de vida contra la corrupción, la marginación y las violencias. Cuando defienden “la institucionalidad” ¿se refieren a la colombiana o a la de otro país? Cuando le prometen lealtad al pueblo, ¿de cuál pueblo hablan? ¿Cuál de los dos ha planteado concertar antes de imponer, y lograr simbiosis constructivas entre lo público y lo privado en servicios tan imprescindibles como la prestación de salud urbana y rural con humanismo, ciencia y dignidad?
Evalúen la historia de cada uno y cómo han sido sus relaciones con el agua y la tierra, con las diversidades, con la ética y la verdad, y si ejercen y cumplen la justicia, o sólo la invocan como patente de corso.
Pregúntense si le confiarían su casa, la escuela de sus hijos, o un abrazo gane o pierda a un fanático de Trump o a un discípulo de Mandela. ¿A cuál candidato le escribirían una carta de gratitud o le pedirían un consejo sobre algo realmente importante para su vida?
Es evidente la influencia de las emociones en la toma de decisiones electorales, y no voy a defender si la emoción es la brújula buena o la bruja mala de la ecuación. Jamás le pediría a alguien que prescindiera de su intuición o del sentimiento. Sólo me atrevo a pedir que si el odio está tocando a su puerta, no le abran. No es un buen invitado, un buen inquilino ni buen consejero.
La animadversión y las amenazas no lo buscan a uno en son de paz. No protegen contra tristezas evitables ni tocan música en clave de conciliación. Ambas pertenecen a un lenguaje trillado por las violencias de turno y los rencores siempre inservibles y se asocian a duelos que no queremos volver a vivir, ni volver a morir.
Voten en paz y a conciencia y piensen qué se dirían a ustedes mismos cuando -ya con los resultados conocidos- esa tarde del domingo se miren al espejo.
Al igual que mi amiga del eucalipto, yo también “tengo nervios”. Mi valeriana personal es saber que respondí el preguntario con serenidad y convicción y el 21 de junio me la juego por la vida. Me la juego con Iván y por Colombia.