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Pazaporte

Un encuentro necesario

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Gloria Arias Nieto
24 de agosto de 2021 - 02:59 a. m.
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Cada vez que veo al padre Francisco De Roux pienso que la vida debe sentirse orgullosa de su existencia. Es como si a él le hubieran construido el alma con miles, millones de átomos de fortaleza, de bondad y serenidad. Francisco, Pacho, el hombre que nunca se cansará de buscar verdad para construir paz, es como diría Serrat, “menudo como el viento”, y un roble en humildad y sabiduría, en resistencia y humanismo.

El 16 de agosto él -presidente de la Comisión de la Verdad- y los comisionados Lucía González y Leyner Palacios, asistieron a un encuentro con el expresidente Álvaro Uribe, el político más tristemente poderoso de nuestro país. Fue un encuentro entre la verdad y la falacia, entre la humildad de la grandeza y la vanidad del terrateniente. Podemos darle múltiples lecturas, pero fue, por encima de todo, un encuentro necesario.

La primera tentación es quedarnos anclados a las cosas que nos indignaron: la locación de “sigo siendo el rey”, la insólita mezcla de insultos y relinchos, la misoginia, la mesa dominante, el cinismo que le apuntó transversalmente a todos los sentidos posibles. Aceptemos que la puesta en escena fue siniestra. Pero a estas alturas uno tiene la obligación de no quedarse en las obviedades, sacudirse las piedras y llegar al fondo de las cosas.

Por definición y por razón de ser la Comisión de la Verdad tiene que oír a los protagonistas del conflicto armado en Colombia; a las víctimas y a los victimarios físicos e intelectuales, recoger testimonios, contrastar versiones y armar el rompecabezas de nuestra historia reciente, con todos sus dolores y crueldades, sus mutilaciones físicas y emocionales. La Comisión de la Verdad oye a las personas como son, no como quisiéramos que fueran, y hay sujetos tan desprovistos de autocrítica, que ni siquiera un contacto con la bondad extrema los lleva a aliviar su espíritu y quitarse su escafandra de violencia.

Somos un pueblo que trata de sobreponerse a 60 años de estrés pre, trans y posttraumático. Nunca será fácil oírnos y reconocernos, sobre todo cuando algunos interlocutores menosprecian la realidad, la memoria y hasta la vida misma. Si la verdad duele, la mentira mata.

Aceptémoslo: hemos sido actores y secuelas de la guerra. Sabemos lo que significa tener la frente en alto, el corazón roto y la confianza en cuidados intensivos. Así nunca hayamos empuñado un arma, llevamos décadas de emociones difíciles, palabras duras, indiferencias acumuladas y violentas. Para evolucionar necesitamos comprender que, entre el error y el horror no hay dos letras sino 9 millones de víctimas, y que en el “culpómetro” colombiano casi todos tenemos participación. La negación ya no tiene cabida.

¿Qué nos queda en este cruce de coordenadas entre perdón y venganza, entre los fantasmas que fuimos y los que seremos? Nos queda la obligación moral de blindar las instancias que nacieron del Acuerdo de Paz, desarrollar una comprensión que trascienda lo obvio y consolidarnos por la no violencia, con una persistencia a prueba de sofismas, de embustes y mordazas.

Y decirle a Pacho De Roux y sus comisionados, a la JEP y los magistrados, a las víctimas y a los firmantes de paz, que cuentan con nosotros. No vamos a tragar entero; una cosa es hablar en clave de reconciliación y otra, aceptar la propuesta de una amnistía general (prohibida por el Estatuto de Roma), planteada -cuando le conviene- por el más energúmeno opositor a la justicia transicional.

El miedo nos marcó el pasado; llegó la hora de que la verdad nos trace el futuro.

Gloria.arias2404@gmail.com

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DAVID(rv2v4)25 de agosto de 2021 - 10:04 a. m.
Me encanta y me llena de enorme satisfacción leer a una mujer inteligente. Gloria...¡te felicito! eres valiente entre la bondad de tus ...¡convicciones!!!
Jose(18886)24 de agosto de 2021 - 05:45 p. m.
Excelente. Gracias
Héctor(15733)24 de agosto de 2021 - 04:42 p. m.
Me encantó el primer párrafo. Así es el señor De Roux.
Atenas(06773)24 de agosto de 2021 - 02:17 p. m.
Y esta Dulcinea y apologética señora, q’ presume q’ desde un escritorio en la capital se ha de sembrar la paz y q’ la ya lastrada comisión de la verdad allá más rápido nos llevará, cómo sufre de desvaríos. Males de la senilidad llaman algunos a eso del desconcierto en las apreciaciones, las divagaciones son subsecuentes, se obnubilan con delincuentes de cuello blanco y así deliran.
  • Francisco(82596)25 de agosto de 2021 - 08:47 p. m.
    A falta de ideas, se ataca al otro por los años. Bien se ve que no ha leído a Cervantes quien demuestra con su propio ejemplo que el ingenio mejora con la edad.
  • william(51538)24 de agosto de 2021 - 04:28 p. m.
    Triste papel el de este payaso prepago.
Francisco(82596)24 de agosto de 2021 - 02:15 p. m.
Serrat dice "es menudo como un soplo", mi amiga. Pero eso no tiene importancia. El padre Francisco de Roux tiene la fortaleza de la honradez y el respeto por la verdad. Y también el respeto a la libertad del interlocutor, para que diga la verdad (así lo espera) o la mentira (como sucedió). Esa es su grandeza.
  • DAVID(rv2v4)25 de agosto de 2021 - 10:05 a. m.
    quítele lo de padre, que suene más bueno, Pacho, nama.
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