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29 Nov 2022 - 5:00 a. m.

Violencia, nunca más

Pazaporte

Distintos interlocutores y momentos; distintas promesas y premisas. Pero en el fondo, el acuerdo de paz firmado hace 6 años entre el gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC, y el que empieza ahora entre el gobierno de Gustavo Petro y el ELN, tienen un común denominador: que en Colombia dejemos de matarnos; que se respete la vida de los ciudadanos, del agua, del aire y de la tierra; que se callen las armas y se le dé voz, voto y verdad a una auténtica democracia. Para eso es preciso conocer y reconocer la historia, pedir y ofrecer perdón, y que los combatientes -estatales y subversivos-, cambien la degradación del enemigo por el respeto a los derechos del opositor.

Las instancias nacidas del Acuerdo de Paz con las FARC han permitido armar los rompecabezas de las distintas verdades y encontrarnos como lo que somos: seres humanos equivocados, arrepentidos, capaces de inspirar y generar emociones bellas, horrendas y profundas. Nos han ayudado a ser menos binarios y más genuinos; a comprender que no se trata de doblegar el hemisferio de los malos frente al hemisferio de los buenos, porque doblegar no sirve de nada y porque nadie es tan químicamente malo como muchos afirman, ni tan pretenciosamente bueno, como tantos se muestran.

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