El reconocimiento del impacto social de la ciencia fue uno de los aspectos que la pandemia hizo pasar por un punto de inflexión.
Hoy, en lo que esperamos que sea la etapa final de la pandemia, podemos decir que el mundo está más convencido de que el conocimiento científico es pertinente. A pesar de las resistencias, emergente de los antivacunas y cotidiana de los populistas, el respeto por la ciencia y sus evidencias está ganando en la respuesta global a la crisis. Eso está claro en el desarrollo de las vacunas, las reacciones de la política económica en varios países (planes ambiciosos de infraestructura física y social) e incluso en el uso de las tecnologías más simples (tapabocas y distanciamiento), incorporadas en las normas sociales –en especial cuando entramos a los picos de contagio–. Aunque la incertidumbre aún continúa, miles de millones de personas saben que gracias a la ciencia el mundo atraviesa un escenario mucho menos difícil que el de hace dos años.
Con el mismo optimismo, es el momento perfecto para que ese reconocimiento de la ciencia sea llevado con mayor ímpetu a otras dimensiones claves del desarrollo. En el caso de Colombia ese es un reto importante para atender deudas sociales históricas y para impulsar la recuperación económica y social. Se puede hacer integrando la ciencia, la tecnología, la innovación y el emprendimiento con la estrategia de desarrollo productivo.
Unas primeras condiciones para esa misión pueden ser las siguientes: 1. Un fondo de financiamiento de innovación y emprendimiento en sectores priorizados (agroindustria, manufacturas y turismo) –porque estos son capaces de crear empleo y a la vez de aumentar su productividad con responsabilidad ambiental–, con aportes del sector público y privado y con participación de las entidades educativas del ecosistema nacional; 2. Incentivar una mayor alineación de los planes de desarrollo nacional y departamentales con las agendas de los centros de investigación y universidades; 3. Duplicar (por lo menos) el gasto en investigación y desarrollo en el próximo cuatrenio. En la actualidad es apenas 0,3 % del PIB. Brasil, líder regional (para no ir tan lejos), gasta cuatro veces más. Corea, líder mundial: 4,1 % del PIB, y 4. Fomentar la innovación y el emprendimiento en pequeñas y medianas empresas, a través de créditos asociativos y programas técnicos y profesionales. Esto reconoce que durante la pandemia dos de cada tres empleos se destruyeron en empresas que tenían menos de diez trabajadores, y contribuye a incentivar la formalización tanto de empresas como de trabajadores.
Es buena hora para integrar la ciencia con el desarrollo productivo para solucionar los problemas centrales del país, entre ellos el desempleo –junto con la informalidad y la inactividad–, la pobreza –que afecta a más de 20 millones de colombianos– y la desigualdad –una de las más altas del mundo–, a través de una estrategia moderna, pragmática y que reconoce las diversidades regionales, los desafíos ambientales y las sinergias de los sectores público y privado. Los dividendos de la ciencia pueden democratizarse mejor y pueden estar así más orientados al servicio de toda la sociedad.