Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Se repite el ciclo con cuarentenas como recurso de última instancia para mitigar la fuerte tensión que están enfrentando los sistemas de salud. Ocurre aquí y en países como Reino Unido, donde algunos científicos están incluso pidiendo medidas de confinamiento mucho más estrictas para poder frenar el contagio. La solicitud tiene en cuenta que la nueva variante del virus se propaga de 50 a 70 % más rápido que la cepa anterior, que el invierno propicia una mayor frecuencia de encuentros sociales sin estar al aire libre y el efecto de las festividades de fin de año.
La comparación internacional viene con una diferencia clara en el terreno económico: en economías más frágiles como la nuestra es y será mucho más difícil asumir el saldo económico y social que sigue en aumento con las medidas de confinamiento. Tener que volver a las restricciones de movilidad y actividad económica se convierte, sin duda, en malas noticias para el panorama económico de este año y también para el del largo plazo, dados los efectos persistentes de la crisis sobre la educación de los niños y jóvenes, el desempleo y la salud mental.
Pronto será evidente que algunas celebraciones triunfalistas en el campo económico eran prematuras, en especial porque se sostuvieron en el error de confundir el rebote de la economía (luego de caer 16 %) con reactivación económica. Una verdadera reactivación depende de medidas agresivas, efectivas y de gran magnitud por parte del Gobierno, que van mucho más allá de salir temporalmente de una cuarentena. Enfrascado en la lógica de una reactivación silvestre, el gobierno del presidente Duque no ha logrado liderar una reacción coordinada (con el sector privado y a nivel regional) ante la crisis económica. Infortunadamente, son más visibles las noticias sobre los desacuerdos entre el Gobierno Nacional y las autoridades locales que sobre la implementación conjunta de programas de empleo de emergencia. La falta de éxito en ese liderazgo político es mala política económica.
No todo es negativo. En lo positivo, el panorama económico de este año y de los siguientes se beneficia de la esperanza de una vacuna, que empezaría a ser suministrada en este primer trimestre. Aunque no será la solución a todos los problemas, representará sin duda un avance importante para pensar en restricciones menos severas a las actividades de los ciudadanos y en expectativas optimistas para los negocios. Bases más sólidas para una eventual reactivación. También con optimismo hay que destacar que muchas instituciones, incluidas las empresas, han recorrido ya los tramos más pendientes de sus curvas de aprendizaje y adaptación en medio del contexto de la pandemia. Este nuevo ciclo nos toma menos por sorpresa.
El gran problema sigue siendo el acceso inequitativo a la esperanza. Los más pobres están asumiendo a la vez los costos más altos de las pandemias de la salud y de la economía. Es prioritario que la logística de suministro de la vacuna llegue de inmediato a los más pobres. Es una condición necesaria para la reactivación económica y educativa. Esos deberán ser puntos centrales de evaluación de la gestión del Gobierno Nacional y de los gobiernos locales. Sin una reactivación contundente, la deuda social con los menos favorecidos seguirá creciendo, incluso con resultados peligrosos para la estabilidad democrática del país. Cuidado, ya hemos visto cómo ciertos políticos buscan canalizar la indignación y el malestar para destacar sus agendas sin importar que el costo sea que los países terminen cayendo del despeñadero.
* Ph.D. en economía, University of Massachusetts-Amherst. Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co/blogs/gonzalohernandez/).
