Fueron publicados dos informes claves para ponerle el termómetro a la economía colombiana. El primero de ellos, ampliamente discutido en las redes sociales por la efervescencia política, fue el del mercado laboral (Dane). El segundo, ampliamente ignorado a pesar de su relevancia macroeconómica, corresponde a los resultados de la Balanza de pagos en 2025 (Banco de la República).
Datos para destacar del primero: 324.000 nuevos empleos en enero de 2026 (vs. enero de 2025) y 60 % de ellos ejerciendo la actividad económica por su cuenta, no por contratación de las empresas. Mi síntesis: un resultado consecuente con una economía que crece 2,6 % (bien hasta cierto punto), empujada por el gasto público (mal sin duda) y marcada por un estancamiento del empleo formal en las empresas (ciertamente preocupante).
No solo importa el cuánto del crecimiento sino el cómo. Hace poco el Dane reportó que mientras el gasto del gobierno general aumentó en 7,1 % en 2025, la formación bruta de capital fijo (inversión sin inventarios) creció apenas 1,3 %. La inversión del sector empresarial está amarrada por la mala ejecución de grandes proyectos de infraestructura, la fuerte polarización política —que aumenta los riesgos de gobernabilidad—, el aumento de las tasas de interés —como contrapeso a los efectos de la política fiscal expansiva— y el riesgo de una nueva desaceleración económica ante la insostenibilidad de las actuales fuentes de crecimiento. Esa insostenibilidad puede traducirse en retrocesos en la generación de empleo, incluso por parte del sector informal, que no está exento de fragilidades. Sin crecimiento escasean tanto el empleo formal como el informal.
El segundo informe (Balanza de pagos) muestra que la cuenta corriente —diferencia entre exportaciones e importaciones junto con otros ingresos y egresos relacionados con el exterior (remesas y rentas factoriales)— pasó de un déficit de 1,7 % del PIB en 2024 a 2,4 % en 2025.
Aunque hubo ajuste de la cuenta corriente en 2024, ayudado por la reducción del déficit fiscal en 2023, la cuenta empeoró en 2025 por los aumentos del déficit fiscal desde 2024. El saldo negativo de la cuenta corriente llega así a casi USD 11.000 millones, confirmando que hay excesos de gasto y consumo atendidos por importaciones en lugar de producción nacional.
Las importaciones de bienes y servicios crecieron USD 7.144 millones en 2025 mientras las exportaciones solo USD 1.956 millones. La apreciación del peso colombiano (depreciación internacional del dólar, financiamiento de la deuda pública y probablemente entrada de dólares de economías ilegales) facilitó el auge importador, limitando además el avance de las exportaciones no tradicionales.
No hay que perder de vista que para cubrir el déficit de la cuenta corriente el país se está endeudando, adquiriendo compromisos financieros que limitarán el gasto y el consumo en el futuro. La inversión extranjera de cartera (neta de otros créditos) creció en USD 15.292 millones.
Malas noticias a las que se suman dos más: la caída de USD 2.215 millones en la inversión extranjera directa, que sí está relacionada con participaciones directas en actividades productivas en el país, y la salida de capitales del sector privado colombiano que aumentó en más de USD 10.000 millones.
¿Lectura del termómetro? Escalofríos políticos y económicos también.
Coletilla. Y “ni qué decir” del estado de la geopolítica global.
* Exviceministro técnico de Hacienda y Crédito Público. Profesor titular de Economía de la Universidad Javeriana.