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Aunque sea impopular decirlo, la reducción del precio de la gasolina —cerca de $1.000 por galón en 2026— es un desacierto. Y el Gobierno enfrenta ahora la presión de revertir su decisión como consecuencia del mayor precio del petróleo debido a la guerra en Medio Oriente.
La posibilidad de dar reversa ha sido reconocida, de hecho, por el ministro de Minas y Energía. De no hacerse la corrección, se golpearía otra vez el Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC).
El Gobierno tiene razón al decir que el precio de la gasolina en Colombia superó el de referencia internacional por varios meses —uno de los argumentos para justificar la reducción—, pero no menos cierto es que aquella diferencia ayudaba a cubrir un frente de desahorro: el subsidio que tiene aún el ACPM. Gracias por cierto a los precios relativamente más altos de la gasolina, el FEPC empezó a finales de 2025 a mostrar saldos totales positivos, apuntando a ahorros útiles en 2026 como parte del mecanismo estabilizador del fondo. No tiene sentido que el FEPC nunca ahorre y que solo estabilice el precio de los combustibles a la baja —con el respectivo costo fiscal—.
Y si se trataba de aliviar presiones inflacionarias, como dicen algunos, preferible reconocer que hoy tienen origen en el gasto público y el déficit fiscal impulsados por el mismo Gobierno —sumándose el efecto del incremento reciente del salario mínimo—. Lo sensato era regresar al sendero de la responsabilidad fiscal y solucionar de fondo el problema.
Tampoco vale decir que los altos precios del petróleo, al subir los ingresos de Ecopetrol, y por lo tanto de la Nación, dan espacio para bajar el precio de la gasolina. Es verdad que cada dólar adicional en el precio del barril de petróleo aumenta los ingresos de la Nación en $ 300.000 millones al año (ANIF), pero ¿quiere uno gastarse esa plata en subsidios a la gasolina y el ACPM, en medio de un escenario fiscal crítico y en el que el Gobierno ha perdido credibilidad? Mala idea.
Si el Gobierno no modifica el precio de la gasolina, que tiene al petróleo como materia prima, terminará subsidiándola de nuevo. Como consecuencia del conflicto en Irán, el precio del petróleo Brent creció en más de 40 % en el último mes, superando los 100 dólares por barril, cifras que no veíamos desde 2022. De hecho, en aquel entonces, no hay que olvidarlo, se alcanzó el punto más álgido en el deterioro del FEPC: el gobierno Duque perdió su control porque precisamente no ajustó el precio de la gasolina al alza mientras el precio del petróleo estaba en los 100 dólares. El saldo negativo del FEPC en 2022 cerró en cerca de 37 billones de pesos —75 % del Presupuesto General de la Nación destinado a la Educación en aquel momento—.
Lo correcto es regresar de inmediato el precio de $ 16.000 por galón, como mínimo, con clara posibilidad de subirlo si la escalada del precio del petróleo continúa, en lugar de abrirle un hueco al FEPC, que tarde o temprano tendría que ser tapado con recursos de la Nación que estarían mejor invertidos en salud, educación y proyectos de desarrollo productivo.
* Exviceministro técnico de Hacienda y Crédito Público. Profesor titular de Economía de la Universidad Javeriana.
