Los bancos no están prestando lo suficiente en medio de la crisis. Sin embargo, los cuestionamientos no deberían darse en un terreno emocional. Es curioso ver, por ejemplo, que la gente les reclama a las entidades financieras la falta de crédito como lo harían frente un familiar avaro y poco solidario, como si existiera una relación íntima con ellos, como si la razón empresarial del sistema financiero estuviera sostenida en cimientos de sólido altruismo.
Quizás aquel vínculo afectivo es resultado de las campañas publicitarias de los bancos, en las que se habla más de la grandeza de la patria y de los sueños de los colombianos que de las tasas de interés, el colateral, las ganancias bancarias y de lo que pasa cuando la gente no paga sus deudas. Está bien, visto así, puede comprenderse mejor que algunos incautos se sientan defraudados hoy por el banco que consideraban de su confianza.
De todos modos, la solidaridad de los bancos está bastante sobrestimada. Independientemente de su importancia en la arquitectura financiera y en la política monetaria, es mejor evitar pensar en ellos con ayuda de la caricatura de un banco que acompaña nuestros sueños. Mejor recurrir a la caricatura propuesta por el presidente Samper: prestan el paraguas cuando está haciendo sol y lo piden de vuelta cuando cae el aguacero.
Al fin y al cabo, son entidades privadas con el objetivo de hacer ganancias y no de auxiliar a la gente cuando tienen dificultades económicas. En ese mismo sentido, usan parte de la liquidez que les da el Banco de la República y la colocan en deuda pública –préstamos al Gobierno– y ganan con esa intermediación, incluso en malos tiempos para el país. La seguridad de sus ganancias es mayor en los títulos de deuda pública (TES) que en los créditos para algunas pequeñas y medianas empresas.
Eso sí, por consistencia, si los bancos no prestan lo suficiente en medio de la crisis, debido a su naturaleza, a su incapacidad de gestionar mejor las asimetrías de información o por la falta de competencia en el mercado crediticio, tampoco el Estado debería depositar exclusivamente en ellos la responsabilidad del crédito de salvamento en la crisis. Mucho menos tiene el Estado que pagar por una intermediación ineficiente. No es un asunto ideológico sino práctico.
Más razones, entonces, para que la ciudadanía demande la posibilidad de recurrir a que el Banco de la República emita dinero y se lo preste directamente al Gobierno. Al final de cuentas, el Gobierno es el verdadero responsable ante la ciudadanía de atender los objetivos sociales con eficiencia y con transparencia. Y no se pone a la gente del timbo al tambo: el Gobierno dice que la plata está en los bancos y los bancos dicen luego que no se puede hacer más.
Y más razones también para pensar en alternativas de una economía para la gente y no para los negocios, con modelos financieros cooperativos –bien regulados, por supuesto– y con más competencia en los mercados financieros –como tanto gusta a los defensores del neoliberalismo–.
Coletilla. Se sigue intentando sacrificar el pragmatismo de la política monetaria a favor de justificaciones gremiales. Sobre el Banco de la República, dice el director de la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (Anif), Mauricio Santamaría, que “… por Constitución el Banco es independiente y no puede imprimir plata para financiar al Gobierno”. “Falso de toda falsedad”. El artículo 373 de la Constitución permite el financiamiento del Banco de la República a favor del Estado.
Ph.D. en Economía, University of Massachusetts-Amherst. Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co/blogs/gonzalohernandez/)