Así como era inevitable tener la segunda vuelta en la cabeza el 31 de mayo, ahora hay que tener prevista la tercera vuelta en la segunda: la de la gobernabilidad. Al final de cuentas, la más importante para el país.
Los resultados de hace unos días muestran un país muy polarizado. No solo confirman la debilidad electoral del centro político, sino también que la opción amplia que logró armar la derecha (centroderecha) de Paloma Valencia en el marco de las consultas apenas sumó 7 %.
Gane De la Espriella o Cepeda, el reto de una gobernabilidad prodemocrática será el mayor de todos, siendo esta necesaria para poder tramitar la confrontación política y social a través de las instituciones y el diálogo con pleno respeto por los derechos constitucionales, a la vez que se enfrenta la policrisis en las áreas de la estabilidad macroeconómica, del financiamiento de la salud y de la seguridad —territorial y urbana—.
Las diferencias de modelo y visión de país en cualquier otra elección reciente parecen minúsculas frente a las actuales. Más concreto, y sin ir demasiado atrás: ni en Petro vs. Hernández, Duque vs. Petro o Santos vs. Zuluaga veíamos distancias programáticas que pusieran en juego la estabilidad de la Constitución de 1991, el manejo económico o la aproximación estatal a la seguridad territorial y ciudadana.
Frustrantes en este contexto las reacciones iniciales de los más votados. Exhibición de discursos de trinchera. Y aunque, por supuesto, tenían que defender sus bases, la victoria dependerá de la capacidad de convocar a quienes respaldamos a Valencia, Fajardo o López, y a quienes no votaron en primera.
Entramos así en la etapa de las “explosiones controladas”, sin posibilidad evidente de que los candidatos las gestionen. No obstante, sus aliados sí pueden, incluyendo las adhesiones recientes. De estas últimas, la más importante por su contundencia fue la del presidente Uribe y la senadora Valencia a la candidatura de De la Espriella. Se equivocan de hecho quienes dicen que el presidente Uribe fue el gran perdedor de la jornada electoral; el plan B estaba activado y sin duda ahora su respaldo formal es útil para De la Espriella también.
Mi decisión en segunda vuelta, pensando en la tercera, dependerá de los compromisos programáticos, los equipos de gobierno y los anuncios de liderazgo para mitigar los riesgos de una confrontación social y política desbordada. En el caso de De la Espriella, la experiencia y habilidad política del presidente Uribe será clave, alguien que entiende que el país no es el mismo que aquel que gobernó, que hay nuevas demandas sociales y riesgos de cohesión nacional y gobernabilidad. En el caso de Cepeda, espero que actores como el presidente Samper hagan lo propio al ofrecer sensatez y altura de estadista ante los enormes retos.
Lo ideal es que de aquí a la segunda vuelta tengamos más y no menos democracia: debates abiertos, discusiones —incluso acaloradas, pero constructivas— y que se vayan sentando las bases de un diálogo nacional sabiendo que no solo elegiremos Gobierno, sino también oposición. Esta tendrá que tener las garantías de la libre participación política, así como el deber de respetar la institucionalidad al hacerse oír.
Coletilla. No tiene sentido votar en blanco.
* Ex viceministro técnico de Hacienda y Crédito Público. Profesor titular de Economía de la Universidad Javeriana.