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Tres ajustes que van bien

Gonzalo Hernández

10 de julio de 2023 - 09:05 p. m.

El exministro José Antonio Ocampo siempre fue claro al plantear que el país enfrentaba tres ajustes de orden macroeconómico: el fiscal, el de la cuenta corriente y el inflacionario.

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Ninguno era sencillo dadas las demandas sociales, la desaceleración de la economía mundial y la inercia de los precios, por mencionar algunos de los condicionantes.

El primero fue enfrentado con la reforma tributaria, dejando las bases para una adición presupuestal con un manejo responsable de las finanzas públicas. Quedaron construidas las posibilidades para un mayor gasto social y nuevas políticas de desarrollo productivo. A la vez, el recientemente publicado Marco Fiscal de Mediano Plazo (MFMP) proyecta para 2023 un déficit del Gobierno nacional central de 4,3 % del PIB, menor al observado de 2022 (5,3 %) y sustancialmente menor al de 2021 (7 %).

Con pleno cumplimiento de la regla fiscal, la deuda neta del Gobierno estará cerca del 56 % del PIB, luego de haber alcanzado 60 % en 2021. Además, la deuda heredada del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) podrá ser pagada por completo el próximo año. Hay que tener cuidado, eso sí, con el mayor déficit anunciado en el MFMP para 2024 (4,5 % del PIB). Con mayores ingresos tributarios, vale la pena buscar opciones para que ese déficit sea por mucho igual al de este año. El mayor gasto por intereses previsto para 2024 puede ser compensado por un menor incremento del gasto primario y, en todo caso, la ejecución eficiente del presupuesto debe ser una premisa.

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El ajuste del déficit en cuenta corriente va por buen camino, pero le falta. Cerró en 6,2 % en 2022 y se espera 4 % al terminar este año. El resultado ha sido más la consecuencia de la desaceleración de las importaciones que de la dinámica exportadora. De hecho, las últimas cifras muestran que las exportaciones perdieron ritmo, en particular por disminuciones de los precios del petróleo y otras materias primas. En los últimos meses, también se opacó el brillo de las exportaciones no tradicionales. Como dije en mi columna pasada, es fundamental que se terminen de definir las políticas de reindustrialización y exportaciones (incluyendo turismo), y que se pongan rápidamente en marcha.

Por último, la inflación parece haber frenado su avance, pero ningún banco central canta victoria. Luego de dejar inalteradas las tasas de interés de intervención en sus últimas decisiones, tanto la Reserva Federal de los Estados Unidos como la Junta Directiva del Banco de la República de Colombia coinciden en no descartar futuros aumentos de las tasas. Para el caso colombiano aún se desconoce la severidad del fenómeno de El Niño —que afectaría la inflación de los precios de los alimentos y de la energía— o si hay espacio todavía para un mayor fortalecimiento del peso frente al dólar que siga ayudando a mitigar la inflación en los bienes importados. En todo caso, depende de los estímulos a las capacidades productivas del país que la política macroeconómica no tenga que resignarse a combatir la inflación con aumentos de las tasas de interés, sino aumentando la oferta de bienes y servicios. Y ayudaría en ese propósito una reducción de las tasas que pueda ser canalizada al crédito productivo.

* Exviceministro técnico de Hacienda y Crédito Público. Profesor titular de Economía de la Universidad Javeriana.

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