Los ministros de economía y finanzas del grupo G7 de las economías avanzadas (Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Francia, Canadá, Italia y Japón) más la Unión Europea alcanzaron el fin de semana pasado un acuerdo histórico para combatir la evasión de impuestos, lograr una tasa impositiva global mínima de 15% para las corporaciones, y hacer que las multinacionales paguen más impuestos en los países en donde hacen negocios –no solo donde abren formalmente sucursales con el propósito de pagar menos–.
Este acuerdo de principios se convierte en una hoja de ruta para golpear de manera coordinada los paraísos fiscales, poner a pagar más a aquellas multinacionales que han tenido ganancias extraordinarias en medio de la crisis, y para aliviar las cargas fiscales que, de otra manera, terminarían siendo asumidas por las clases medias. Un acuerdo que debe ser celebrado.
Por supuesto se pisan callos. Países como Irlanda, donde la tasa de impuestos corporativos es de 12,5%, ven una amenaza a su estrategia de atracción de recursos internacionales. Gigantes tecnológicos, como Amazon y Facebook, anticipan que tendrán que pagar más impuestos (y en más lugares del mundo). Rusia, China y otros pueden no querer sumarse a la iniciativa. ¿Y qué tan estable será el acuerdo?
De todos modos, no es un tema para ser visto con distancia desde Colombia. Al ponerse en marcha el acuerdo, ojalá más pronto que tarde, estaremos ante un avance institucional de la política económica internacional que definirá nuevas condiciones para la política tributaria nacional. Si sale bien, será menos viable la amenaza de fuga de patrimonios cuando se proponen mayores impuestos a los grandes capitales; ofrecerá un marco normativo para el cobro del impuesto de renta a empresas que ofrecen servicios en Colombia, aunque estén radicadas en otros países –como es el caso de varios servicios tecnológicos que van ganando terreno en las canastas de consumo de los colombianos–, y le permitirá al país contar con mejores instrumentos de lucha contra la evasión de impuestos. Esto ayudará a remover obstáculos para avanzar hacia una estructura tributaria más eficiente y progresiva: menos evasión y más impuestos pagados por aquellos con más ingreso y riqueza.
El Gobierno Nacional debería incluir pronto este tema en su agenda de política exterior. No puede quedar rezagado en las discusiones que con seguridad irán incluyendo a un grupo más amplio de países. Colombia puede beneficiarse de las buenas prácticas tributarias internacionales que surgirán con el acuerdo. De igual manera, no sería ni oportuno ni conveniente asumir una posición pasiva al respecto o desconocer, en el marco de las relaciones bilaterales con Estados Unidos y otras economías avanzadas, que esta convergencia internacional es parte de una estrategia integral de reactivación económica y financiación de los déficits fiscales.
Este tipo de acuerdos trae optimismo: un ejemplo emblemático de coordinación internacional para alcanzar una economía más justa y eficiente. Por décadas fue prácticamente imposible y, sin embargo, pronto se sumará a la lista de avances que la humanidad ha logrado en uno de sus momentos más críticos.
Ph.D. en Economía, University of Massachusetts-Amherst. Profesor asociado de Economía y director de Investigación de la Pontificia Universidad Javeriana (http://www.javeriana.edu.co/blogs/gonzalohernandez/).