La política del país estaba a la espera de una nueva encuesta sobre los candidatos presidenciales luego de las intensas protestas de los últimos meses.
Aunque los porcentajes tienen mucho tiempo para cambiar, y no hay que ignorar la siempre probable brecha entre lo que dicen las encuestas y el resultado de las urnas, la encuesta viene con mensajes interesantes, confirmando algunos rumores e intuiciones.
Primero, es el momento del “centro” –liderado por Sergio Fajardo y al que suman otros miembros de la Coalición de la Esperanza: Juan Manuel Galán y Humberto de la Calle–. Segundo, sigue adelante Gustavo Petro, a pesar de su fallida pesca en río revuelto en medio de las protestas –que terminó costándole puntos en la intención de voto y le seguirá costando en la carrera presidencial–. Tercero, sorpresiva la tercera posición de Rodolfo Hernández. Y cuarto, el uribismo no tiene candidato visible por ahora –fuera del asomo de Óscar Iván Zuluaga–. Nada rara esa ausencia con la inmensa desaprobación del actual gobierno del Centro Democrático –¡llega a 68%! –, pero sigue abierta la puerta para un apoyo uribista tras bambalinas, por ejemplo, a la candidatura Char-Gutiérrez-Peñalosa.
Sobre si el país puede dejar atrás un nuevo ciclo de política polarizada, esta vez con una opción de centro, la encuesta de Invamer muestra que si los únicos candidatos fueran los punteros (Petro y Fajardo), Petro ganaría, pero lo haría con un margen ligeramente menor al que reportaba la encuesta de abril. Fajardo mantiene una imagen favorable mayor a la de Petro (45 vs. 41 %), y tiene una imagen desfavorable de 26 %, mientras la de Petro llega a 42 %. Esto le da a Fajardo y la Coalición de la Esperanza batería para seguir sumando fuerzas, para insistir en el camino de un debate político serio sin ataques personales y agitaciones innecesarias, y para mostrar que la Coalición tiene el liderazgo y la legitimidad para lograr convergencias políticas y de los actores económicos –elementos fundamentales para enfrentar la crisis de gobernabilidad que vive Colombia–.
Se debe comprender el malestar social y construir esperanza con políticas sensatas en lugar de acentuar el pesimismo para darle proyección a salidas populistas y facilistas a los problemas más serios del país. Hay que reconocer la tragedia de millones de colombianos, en medio de una crisis de la salud, la economía y el empleo, y hacer transformaciones de fondo para aprovechar mucho mejor las capacidades del país (gente, aparato productivo, instituciones), sin fracturarlas más.
Quienes apoyamos una opción política de centro –con una ética en la que se respeta a los contradictores y se construye con ellos, y en la que se promueve la solidaridad y la esperanza, en lugar del miedo, la rabia y la desconfianza– tenemos razones para ver los mensajes de esta encuesta con buenos ojos.