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Artemis II: los cabellos de la locura

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Gonzalo Mallarino Flórez
15 de abril de 2026 - 05:00 a. m.
“Para mí, eso ha sido esto de la misión Artemis II a la luna. Un extravío de la humanidad”: Gonzalo Mallarino
“Para mí, eso ha sido esto de la misión Artemis II a la luna. Un extravío de la humanidad”: Gonzalo Mallarino
Foto: AFP - HANDOUT
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Si el padre de una familia, cuyos hijos están desatando un infierno en otras familias, porque asesinan niños y mujeres en otras comunidades, porque someten al terror, al hambre, al desplazamiento, a la insalubridad letal, a otras familias; si ese padre, digo, se compra un juguete costosísimo, finísimo, que lo tiene embelesado, que lo entretiene y lo gratifica como cuando era un niño chiquito, un juguete hecho con la técnica y los avances científicos más potentes e imaginables… ¿no debería ser reprobado con todas nuestras fuerzas? ¿No debería ser señalado como un extraviado? Como un demente, como alguien inmune y ciego ante el dolor que causa a los demás.

¿Y no debería producir nuestra indignación y nuestra condenación que, además, a ese padre y a esa familia que desata el dolor por las demás comarcas, se le colme de aplausos y admiración por haberse comprado ese juguete en lugar de detener inmediatamente el daño que está produciendo y responder ante las demás comunidades –ante el “Consejo de Ancianos” de todas las comunidades congregadas–, por el dolor y el horror y la vesania que ha desatado?

Para mí, eso ha sido esto de la misión Artemis II a la luna. Un extravío de la humanidad. Un apartar los ojos de la humanidad de donde deberían estar –en los horrores y las injusticias y la degradación del género humano, que distinguen a estos tiempos–, para posarlos en un juguete extravagante, innecesario, vano, que nos proporciona la falsa sensación, la falsa idea de que estamos yendo hacia adelante en la historia de la humanidad, hacia el progreso, hacia la concordia y la convivencia y la justicia y la preservación de nuestros mejores rasgos, aquellos que nos distinguían de la barbarie y la animalidad más irracional, mientras la realidad nos muestra que es todo lo contrario.

No he sentido la menor admiración por la misión Artemis II. Me ha parecido una simulación, una mímica, un delirio triste y doloroso. Los cabellos de la mujer astronauta, que a gravedad cero volaban y danzaban por el vacío, me han parecido los cabellos de Medusa. Me han parecido el símbolo de la locura y el extravío y la amoralidad oscura y dañina que se ha tomado a los líderes de la humanidad del presente.

Debemos mirar hacia nuestro mundo. Aquí y ahora es cuando debemos ser justos, amorosos, solidarios, generosos, sabios, humildes y profundamente humanos. No hay más mundos. Solo este, aquí y ahora. Las dimensiones de tiempo y espacio, por lo demás, son sobrecogedoras y elocuentes: nadie sabrá jamás, ni siquiera, que alguna vez existimos. Somos una gota que cayó de un gotero en un océano infinito. Nos extinguiremos y el capítulo de la especie humana no quedará, acaso consoladoramente, en la memoria de nadie. Todo lo que hay es este planeta, aquí y ahora y en un limitado futuro.

No somos nada, considerados desde esa perspectiva. Y no somos, ciertamente, un gran acontecimiento del cosmos, como creen los fabricantes de juguetes.

Gonzalo Mallarino Flórez

Por Gonzalo Mallarino Flórez

Escritor. Autor de varios libros de poesia y de ocho novelas, de las que hacen parte sus célebres Trilogía Bogotá y Trilogía de las Mujeres. Es frecuente colaborador de importantes periódicos y revistas
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María Victoria Costa López(95949)16 de abril de 2026 - 07:10 p. m.
Excelente, totalmente de acuerdo. Seguimos siendo unos pobres simios erróneamente evolucionados que pensamos que somos el centro del universo creados y protegidos por un ser más grande que el universo. Parranda de micos locos.
Felipe(dw15k)16 de abril de 2026 - 05:54 p. m.
Mientras una parte de la humanidad sufre hambre, guerras, pobreza, incluso las 3 al tiempo, otra está lanzando cohetes, satélites, estaciones espaciales, haciendo superbowls, mundiales de fútbol, corridas taurinas, monumentos, hoteles, yates, todos carísimos, algunos innecesarios o al menos no urgentes. La idea de una sola humanidad es una utopía remota, una idea sobrepasada por el infinito egoísmo de los humanos que se erigen orgullosos en dioses de sus iguales mediante un poder técnico.
Juan Antonio Gudziol(45350)16 de abril de 2026 - 02:53 a. m.
Excelente columna!!!
JAIME CARRANZA BOADA(1016a)16 de abril de 2026 - 12:05 a. m.
Mientras exista el hombre siempre habrá progreso y por eso pasamos de la edad de piedra a vehículos galácticos. En la medicina de las yerbas a operaciones sin bisturí, del carromato a vehículos autonómos y en comunicaciones ni hablar. Todo en la vida es progreso y todavía no vamos ni en la mitad de camino. Me parece que el señor Mallarino está disfrutando todos estos beneficios y llora para que le den mas.
Rafael Arevalo(92116)15 de abril de 2026 - 09:08 p. m.
Hoy se le fueron las luces y por mucho señor Mallarino. Ojalá nunca le hayan tenido que hacer una resonancia magnética, o una tomografía, o usar un GPS, o agradecer por la mejoria en la seguridad durante algún vuelo en avión de los que hace. Sólo por mencionar algunos de los avances tecnológicos gracias a la astronáutica y a la carrera espacial. Me lo imagino renegando de la superconectividad que hoy disfrutamos en la comunicación celular gracias a lo mismo. No sea tan minimalista por favor!
  • ORLANDO MONROY(70008)15 de abril de 2026 - 11:57 p. m.
    Como siempre, se le van las luces. Pésimo opinado
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