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No hay que ser un máster en economía para saber que el aumento decretado por el Gobierno en el salario mínimo va a empujar para arriba, fuertemente, todo el sistema de precios de la economía. Es decir, va a desatar una inflación monstruosa y letal.
Las 2,4 millones de personas que ganan el mínimo van a ver que buena parte del aumento nominal con el que se han ilusionado es solo eso, una ilusión, pues un aumento de precios de estas proporciones los va a golpear duramente. Entre tanto, las 7,5 millones de personas que no ganan el mínimo y que completan el contingente de trabajadores que están en la formalidad en Colombia van a ver que el poder adquisitivo de su salario disminuirá considerablemente, y que se empobrecerán sin remedio. Finalmente, las más de 10 millones de personas que están en la informalidad seguirán luchando contra el hambre y la miseria y viendo cada vez más lejano el día en que consigan tener un empleo formal, con los aportes y prestaciones a que tienen derecho, pues este Gobierno los ha hecho inalcanzables.
El aporte pensional de los que conserven sus empleos va a ser obligatoriamente mucho mayor, con lo cual millones de personas verán alejarse indefinidamente el día en que puedan gozar de una pensión, retirarse y descansar en el final de sus días. Es decir, no solo el presente se va a oscurecer, también el futuro de millones de personas.
Los empresarios, sobre todo pequeños y medianos, ya empezaron a disminuir plazas de trabajo y a despedir gente. Por esa vía, vendrán entonces más desempleo y más pobreza, la riqueza se concentrará todavía más, y la desigualdad social se profundizará.
Todo esto es lo que ha conseguido Petro gracias a su demagogia ideológica, a su indolencia, y a su manera chambona de gobernar. Es que se trata del “salario vital”, dice con la boca llena, es que estamos “pagando una deuda social histórica”, dice. Paja todo, demagogia y una irresponsabilidad monumental al momento de gobernar una nación. Más desempleo, más informalidad, más pobreza y más violencia, ese es el costo que tendremos que pagar todos y todas en los años por venir, una vez este presidente fatídico y malhadado se haya ido. En muy mala hora le permitieron que llegara a la Casa de Nariño.
Ahora, además, ha tenido la cachaza, la desvergüenza, de buscar votos para su facción política en las elecciones que se aproximan, ordenando que se firmen, con sus amigos y allegados políticos, y solo en el mes de enero pasado, la friolera de 500 mil contratos nuevos con el Estado colombiano, por más de 32 billones de pesos. Esto se hizo a toda prisa, antes de que entrara en vigor la Ley de Garantías, mecanismo creado para que los gobernantes de turno no utilicen el tráfico de influencias, el amiguismo y la corrupción para alterar unas elecciones que están próximas. Petro se dio maña y se birló esa ley.
Como dicen por ahí: “cagados y el agua lejos”.
