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26 Nov 2022 - 5:30 a. m.

Diálogos con el Eln

Estoy tratando de mirar este nuevo intento con el Eln con optimismo. Tratando de sacarme de la cabeza todos los murciélagos de las malas ideas.

Mi preocupación empieza por tratar de entender qué les puede ofrecer el Estado colombiano. Qué les interesa. A los combatientes, tal como con las Farc, se les puede ofrecer la reincorporación a la vida civil y unos territorios donde pueden echar a andar un proyecto productivo y tener una vida. Eso es mejor que andar escondido entre los matorrales esquivando la muerte. Aunque existe el riesgo real de que los asesinen una vez que se desmovilicen, como ha pasado con más, con bastante más, de 300 excombatientes de las Farc.

¿Podrá el Estado, el Gobierno del presidente Petro, garantizarles la vida? ¿Podrá el actual Gobierno implementar cabalmente el Acuerdo de La Habana y llevar paz y convivencia a las regiones? ¿Si se desmovilizaran 3.000 o 5.000 hombres del Eln, pueden el Estado y la sociedad colombiana acogerlos en este momento?

Sería un logro monumental. Con eso no más, yo quedaría satisfecho como ciudadano.

Que miles de combatientes del Eln se sumaran a los 13.000 de las Farc. Imagínense, estamos hablando de que cerca de 20.000 colombianos y colombianas, jóvenes la inmensa mayoría, pobres la inmensa mayoría, campesinos la inmensa mayoría, volverían a sus casas, a sus barrios, a sus veredas, a sus familias, a su madres y sus hermanos y hermanas. Eso tiene que traer un poco de paz, de ilusión a Colombia, de consuelo por tanta muerte y tanta violencia que nos hemos bebido a borbotones durante más de 50 años.

¡Pensad por un momento, imaginadlo un solo instante!, como diría Nicolás Guillén.

Pero sus jefes son el problema. Sus superiores. Sus ideólogos. No logro entender qué quieren. Dejo a un lado por un instante, si fuera posible, el hecho de que han ordenado y cometido actos sanguinarios horribles, han desatado una violencia terrible durante años y años. Además, son narcotraficantes. Y secuestran y confinan y desplazan y aterrorizan. Eso es así.

Pero, como digo, pongo eso de lado por un minuto. Y pienso en lo que están diciendo ellos en Venezuela en estos días. Que no les interesan unas curules en el Congreso o convertirse en un partido político. Que la mesa de diálogos tiene que ser el instrumento del cambio que pide el país, que necesita el país. ¿Qué es eso exactamente?

Pensemos en el elemento ideológico, que aún se les pueda reconocer como la guerrilla que han sido. Concedamos eso por el momento. ¿Cuánto tiempo se necesita para conseguir cambios profundos en una sociedad? ¿Un lustro? ¿Una década? ¿Cuánto se demora una reforma agraria? ¿Cuánto se demora una disminución real de la pobreza? ¿Cuánto se demora generar reformas políticas que den más participación democrática a la gente, o que eliminen de veras el cáncer de la corrupción, o que generen sensatamente redistribución del ingreso y la riqueza?

Si la desmovilización de las tropas está ligada a eso, pues estamos lejos. Eso sería inconcebible como exigencia. Se acabaría el período del presidente Petro y poco se habría conseguido. Y vaya usted a saber qué tipo de gobierno vendría después. Que vuelva, otra vez, a levantar la mesa a patadas.

Gonzalo Mallarino Flórez

Por Gonzalo Mallarino Flórez

Escritor. Autor de varios libros de poesia y de ocho novelas, de las que hacen parte sus célebres Trilogía Bogotá y Trilogía de las Mujeres. Es frecuente colaborador de importantes periódicos y revistas
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