Empecemos por la luminosa poesía de María Angélica Pumarejo.
Ediciones Corazón de Mango, que trabaja con el alma y las yemas de los dedos en el oficio de hacer libros, ha reunido la poesía escrita por María Angélica Pumarejo en los últimos años. Hace mucho tiempo no sentía yo un estremecimiento y una felicidad tan grandes leyendo poesía como los que sentí en estos días, leyendo la escrita por María Angélica.
Qué íntimo modo de concebir el poema. Qué respiración tan propia, tan nueva en la poesía colombiana. Qué lágrimas, qué delicadeza de las ideas y las percepciones, qué dicha de los poros de la piel, de la saliva, de los labios, de la niñez que vuelve, del tiempo que nos acorrala. Qué bella y triste constatación de nuestra nostalgia.
Y en lo formal, qué buena factura del verso. Qué culto y al mismo tiempo qué libertario, qué arriesgado, qué certero, qué contemporáneo. Cómo se ve que María Angélica ha formado el gusto y el criterio leyendo muy buena poesía, de antes y de ahora. Cómo está al tanto de los peligros de la simulación, de la impostura, cómo se dispone desde el comienzo de cada poema a dejarse la vida en el propósito de hallar lo simple, lo sencillo, lo verdadero de su visión de poeta. Y cuánto queda apenas sugerido, para que brote y se ensanche en nuestro propio inconsciente (Presentación: este sábado, 4 pm, Carpa País de Libros).
Y ahora, el periodismo humanizado de Lariza Pizano.
Editorial Planeta ha editado el libro En el nombre del padre, de la periodista Lariza Pizano. Lariza, íntegra y seria periodista, se sentó durante horas con ocho personalidades de la actualidad, siete hombres y una mujer, que perdieron a sus padres (uno, en realidad perdió a su hijo) en esta guerra entre hermanos, sucia y degradada, en la que estamos hace más de 50 años. Lariza ha tratado de comprender, como periodista, como mujer, como ciudadana, el origen de los golpes, de los mandobles arteros de la violencia incesante. Ama la libertad y sufre con su nación, y quiere entender qué es lo que ha pasado, qué es lo que nos ha pasado, para construir la visión de una sociedad humanizada, decente, que por fin esté llena de átomos de felicidad. Eso quiere. Por eso hace su tarea. Por eso entrevistó a estas figuras de la vida nacional, a quienes la violencia de Colombia les quitó a sus padres y a sus hijos. Ella postula la hipótesis, la posibilidad de que, en el proceso doloroso y trágico de un duelo de esa naturaleza, se haya forjado en cada uno de ellos una visión política y social del país.
Es decir, esa visión, compuesta de pulsiones, de fuerzas, incluso de aproximaciones ideológicas, estaría modulada por el dolor mismo de haber perdido al padre y al hijo. Con lo cual el duelo, la pérdida, la orfandad, no son solo de cada uno de ellos —Pizarro, Cepeda, Galán, Cristo, Lara, Reyes, Gaviria y Uribe—, sino de todos nosotros. Son unas muertes que nos habrían lacerado, que nos habrían herido a todos nosotros.
Es una hipótesis muy sensata.