Si nos atenemos al preconteo del domingo, Abelardo de la Espriella es el nuevo presidente de la República. Hay que esperar, naturalmente, al escrutinio final y a que las autoridades verifiquen estos resultados.
Abelardo de la Espriella no ha gobernado antes, no lo hemos visto nunca desempeñando un cargo de elección popular. Unos y otros, los que votaron por él y los que no votaron por él, y desde luego, los que votamos en blanco, tenemos ahora el deber y el derecho de controlar su gestión en caso de que sea el ganador. Este es un atributo del ejercicio de nuestra ciudadanía, no menos importante que el voto mismo.
Si De la Espriella ha sido elegido, ha sido elegido su programa de gobierno o, dicho de otra manera, su visión del Estado como el aparato institucional que toma decisiones vitales y es responsable del bienestar colectivo. Abelardo de la Espriella sería, a partir del próximo 7 de agosto, la cabeza de ese Estado que es responsable del bienestar de todos nosotros. No de solo una parte de la sociedad, de todos.
Ese es un primer elemento del control ciudadano. De la Espriella no puede gobernar para favorecer a unos pocos, tiene que gobernar con el imperativo moral del bienestar general en la mente. Esa debe ser la guía de su proceder, ninguna otra, de lo contrario estaría corrompiendo ese Estado. Así mismo, la ciudadanía debe procurar, a través de los mecanismos que le otorgan la Constitución y las leyes, que De la Espriella respete esa Constitución que nos rige y nos ordena como sociedad moderna, así como la plena independencia de las ramas del Poder Público. Eso es esencial.
Estos son los primeros asuntos de los que debemos estar pendientes todos los colombianos y colombianas. Y debemos ejercer el control ciudadano para preservarlos y por esa vía, para poner a salvo el carácter de estado social de derecho que establece, de manera inequívoca, nuestra Carta política.
Después, hay otros elementos de tremenda importancia que se deberían enumerar, pues los problemas del país son muchos y angustiantes. Yo no conozco a De la Espriella, más allá de sus arengas electorales y de lo que opinan de él, públicamente, quienes lo quieren y quienes lo malquieren. Yo, en el momento en que él empiece su mandato –si los escrutinios definitivos lo determinan así–, ni lo estimo ni lo desestimo. Yo soy, simplemente, un colombiano que quiere, como tantos, a su país, y tiene unos ideales de justicia, de solidaridad y de búsqueda infatigable de la civilidad como la única fórmula posible contra la violencia.
Nada más. Sus rasgos de carácter y sus ademanes, a los que se hace tanta referencia en los medios de comunicación, me tienen sin cuidado. Yo le deseo buena suerte en el viaje que está por emprender, si las autoridades lo ratifican como presidente. Me comprometo, eso sí, como ciudadano y como columnista de este periódico, a ejercer mi deber de control ciudadano. Me comprometo a ejercer responsablemente mi ciudadanía.