Yo no creo que la primera vuelta esté ya decidida como se empeñan en hacernos pensar los encuestadores. No creo que entrevistar a cuatro o cinco mil personas en unos pocos lugares de nuestra geografía, en un universo de 22 millones de votantes dispersos por todo el territorio, tenga un verdadero significado estadístico. Estoy persuadido de que hay un quantum de trabajo social y comunitario muy intenso, muy pormenorizado, como el que ha hecho Fajardo -que lleva dos años recorriendo este país con su equipo-, que no se refleja en las encuestas, pero sí se reflejará en las urnas.
Yo estoy seguro de que Sergio Fajardo es el único de los candidatos que tiene la estatura de un estadista y puede conseguir gestionar los asuntos del Estado y de la política pública, para pacificar a Colombia a través del progreso colectivo y la justicia social. Eso lo veo muy claro, más allá de lo que digan las encuestas. Fajardo es el mejor, por mucho. El más sereno, el más ponderado, el de mejor levadura. Colombia tendría ante sus ojos, con él como presidente, un panorama esperanzador, mientras que en los demás escenarios los peligros son aterradores.
Si gana la presidencia Paloma Valencia, el peligro es el regreso de Álvaro Uribe al poder y de las cosas horribles que sucedieron durante sus ocho años como presidente: ejércitos de “justicia privada”, sobornos a parlamentarios, falsos positivos, chuzadas y satanización de elementos cruciales para conseguir la convivencia nacional, como la JEP, la Comisión de la Verdad y la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas.
Si gana Cepeda, el peligro es continuar las políticas de Estado de Petro, que han sido letales y desastrosas, mayoritariamente, y que llevarían a Colombia a caer en las manos de dedos torcidos de la demagogia ideológica “progresista”. Más estatización, más gasolina a una supuesta “lucha de clases”, y muy probablemente, más o la misma corrupción de Petro, ese “virtuoso” del tráfico de influencias y el amiguismo.
Si gana De la Espriella, que posa de patriota y de personalidad desligada de la “vieja política”, el peligro es reeditar, justamente, lo peor de la “vieja política”. El mesianismo, el caudillismo, el gobierno para el favorecimiento exprofeso de unos pocos privilegiados, el quebrantamiento de los derechos civiles y humanos, y el desmembramiento del Estado de derecho y de la Constitución.
¿Cómo no está claro eso? ¿Cómo puede haber duda de que Fajardo representa el mejor escenario, el único escenario esperanzador? ¿Qué duda puede haber? Fajardo es el único que tiene la serenidad, la ponderación y la experiencia necesarias. Eso es un hecho, no es una apreciación personal. Comparen la trayectoria y las hojas de vida. Pongámonos serios aquí.
No hay que dejarse enredar por unas encuestas. Los que comparten lo que he dicho, así sea parcialmente, no se enreden. Hay que votar por Fajardo. Hay que llevarlo a segunda vuelta.