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19 Mar 2022 - 5:30 a. m.

Elecciones

Voté por Sergio Fajardo y la Coalición Centro Esperanza y fui derrotado.

Votaré por él en primera vuelta, pues creo en él, pero mucho me temo que ya no hay nada que hacer. Tendría que ocurrir algo providencial para que pudiera llegar a segunda vuelta, si es que la hay. La bajísima votación de la Coalición es señal del desastre total de ese proyecto político. Por lo menos por ahora.

Tuve el premio de consolación de ver elegido a Humberto de la Calle, por quien voté para el Senado. En él también creo. A tal punto que hoy me animo a decir lo que ya he dicho antes, sabiendo que no tiene ninguna importancia, ningún valor: creo, a pie juntillas, que De la Calle es la persona más capaz, moral, política e intelectualmente, para ser presidente de Colombia en esta época desconcertante y violenta. Estoy persuadido de que el país sería muy otro si él hubiera sido presidente en lugar de Iván Duque.

Estoy seguro de por lo menos esto: no hubieran sido asesinados los cientos de campesinos, líderes sociales y desmovilizados que fueron asesinados en estos cuatro años. Eso, solamente, es ya una distinción humana categórica entre esas dos personas, entre esas dos figuras políticas. El legado de injusticia y violencia que deja Iván Duque difícilmente podrán borrarlo los años.

Hay otros dos resultados de estas elecciones que me dieron ilusión y contento: la votación de Francia Márquez y la de Carlos Amaya. Una mujer, negra, y un campesino cuyos abuelos no sabían leer y escribir.

Los negros y los campesinos han sido excluidos históricamente en Colombia. Que dos personas hayan surgido de esos sectores étnicos y sociales, y hayan sido respaldados por los votantes en estas elecciones es el hecho político más importante de la jornada. No la votación de Petro o la de Gutiérrez, y menos la de Cabal y Valencia, y todavía menos la de las maquinarias liberales o conservadoras. Esas eran esperables, son los réditos de la forma en que se hace política en Colombia hace mucho tiempo.

No, a mi entender, el hecho político más importante de las pasadas elecciones es que una mujer, negra, y un campesino auténtico hayan sido vistos y respaldados por miles y miles de votantes. Eso es lo más importante, es la evidencia de que sectores relegados, si no despreciados, de la sociedad colombiana pueden ser escuchados. Es la evidencia de que la sociedad está abriéndose un poco, dejando respirar un poco a millones de colombianos que están ahogados hace años, junto con sus necesidades, sus anhelos y sus causas humanas.

La otra cosa es que fui a votar. Pude votar. Nadie me pegó un culatazo con un fusil, ni me vigiló, ni me matoneó, ni me hostigó. Fui, caminando, del brazo de Carmen, en paz. Piensen en Rusia, en China, en Nicaragua, en Cuba, en Venezuela, en Siria, en…

Parece que hubo algunas trampas y violencia, como ha sucedido antes, pero mayoritariamente fue un proceso democrático. Eso es innegable. Fue muy dolorosa, eso sí, la forma como se pervirtió y se adulteró el proceso de elección de las curules de paz. Esa era otra oportunidad de dejar respirar a miles de personas.

Gonzalo Mallarino Flórez

Por Gonzalo Mallarino Flórez

Escritor. Autor de varios libros de poesia y de ocho novelas, de las que hacen parte sus célebres Trilogía Bogotá y Trilogía de las Mujeres. Es frecuente colaborador de importantes periódicos y revistas
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